Fastrom

En Fastrom vivían los chukas. Los chukas eran de agua y su alma era transparente como el pensamiento de un muerto, pero una noche comenzó a llover tierra. Los chukas nunca habían visto la tierra, incluso no tenían ninguna palabra para aquello compacto y que producía cosquillas y que los agrumaba, y era como si estuvieran haciendo algo prohibido y eso les divertía. Pero siguió lloviendo tierra sobre el agua de Fastrom, sobre el aire que respiraban los acuáticos chukas y la tierra les entró tan adentro que empezaron a pegotonearse, por dentro y con los de afuera, y cuando se quisieron dar cuenta los chukas eran pegotes, pegotes de barro, pegajosos pegotes de barro con un alma pegotosa, pero aquello también era divertido, y es que eran chukas y para un chuka todo es divertido.

De mi libro “Microbios” (2004): DESCARGAR GRATIS AQUÍ

fastrom

Factoría Micro: Propuestas 29 y 29

Microrrelatos, micropoesías, miradas diversas, diferentes formas de contar. Todo ello en Factoría Micro.

Aquí os dejo los enlaces a los microrrelatosy micropoemas de las Propuestas 28 y 29 de Factoría Micro (microrrelato y micropoesía) publicados en Arte-Factor. Y las fotos, subidas por Elisabet Martínez Ortiz, que han servido de desencadenante de estos textos.

https://www.arte-factor.org/factoria-microrrelatos-28-parte-1/

https://www.arte-factor.org/factoria-microrrelatos-28-parte-2/

Factoría Micro 28

https://www.arte-factor.org/factoria-microrrelatos-29-parte-1/

https://www.arte-factor.org/factoria-microrrelatos-29-parte-2/

Factoría Micro 29

Factoría Micro es un grupo de Facebook en el que puede participar el que quiera, pues es público y abierto.

Las reglas de juego de este grupo son:

  1. Un tema al año. Este: “Ventanas indiscretas”.
  2. Los días 1 y 15 de cada mes publicaremos una fotografía como desencadenante.
  3. Puedes participar con un microrrelato o micropoesía cada 15 días. Solo un texto por persona.
  4. Extensión máxima 35 palabras, sin contar el título.
  5. Al final de cada quincena, todos los textos aportados se publican en la https://www.arte-factor.org/

Gracias, Raúl, por la publicación de los micros en https://www.arte-factor.org/

Gracias, Elisabet, por la selección tan sugerente de fotos.

Gracias a todos los participantes por compartir vuestros escritos con tanta generosidad.

La certeza del funámbulo

Sopeso la pértiga en mis manos, muevo los dedos del pie derecho dentro de la zapatilla ajustada, acerco el pie al alambre, lo rozo, lo acaricio como pidiéndole permiso, como se acaricia por primera vez la piel de una mujer. Son los gestos inconscientes, las viejas manías, recuerdo que lo hice la primera vez que trepé hasta el alambre, cuando mi madre me estaba enseñando y desde entonces cada vez que he subido hasta aquí he empezado con este rito, con esta conversación en la que en silencio le pido permiso al aire, el suave roce de mi pie derecho y el oído aguzado, siempre lo mismo, esperando escuchar la contestación del alambre, una señal, una advertencia, hoy no lo hagas o, tranquilo, puedes atravesarme, me estaré quieto; pero del alambre, como de la vida cuando le pregunto, sólo recibo la callada por respuesta. Y en mitad de ese silencio, que no está fuera, que está dentro, pongo el pie sobre el alambre y doy el primer paso. Lo peor, lo más difícil siempre es abandonar la seguridad de la plataforma, quedar suspendido en el vacío con ese filo que se clava en la planta de mis pies por todo suelo, y después la respiración que es el equilibrio, no mirar nunca hacia abajo, sentir que la pértiga son alas, controlar el miedo, ese compañero fiel que siempre me acompaña, pero hoy siento algo extraño, algo que nunca antes había sentido, hay una atracción de abismos, tranquilo, me digo, no des otro paso hasta haber recuperado el centro, tu sitio, así, tranquilo. Cierro los ojos, respiro, puedo oler el miedo, el mío y el de toda esa gente allá abajo, estoy en mitad del alambre. Sin saber por qué me deshago de la pértiga, oigo un grito que sale de todas las gargantas al unísono, luego la gente aplaude, creen que reto al vacío pero solo me reto a mí mismo, y no es un desafío, pero únicamente en el riesgo me siento vivo. Sigo caminando por la cuerda floja, sin embargo ya no noto el alambre como una cuchilla que se me clava en los pies, acepto este ansia de vuelo que siempre me ha latido en el pecho y me dejo ir en esta querencia con la certeza de que solo desde el fondo de mi miedo puedo llegar a tocar el cielo con las manos.

De mi libro “Microbios” (2004): DESCARGAR GRATIS AQUÍ

La certeza del funámbulo