Forajido

Mi hogar en la frontera, desierto azotado por inhóspitos vientos y habitado por tiernas alimañas y raros aguaceros que todo lo embarran. La puerta de mi casa no tiene cerradura y solo crecen los cactus en esta tierra dura. En mi hogar, a veces, paran mujeres extraviadas que montan caballos fantasmas. También lo frecuentan bandoleros parcos en palabras y de gestos contenidos, que hacen negocios ilegales, pero limpios. En mi hogar la única música la pone el silencio cuando para el viento. Al fin, tengo dónde caerme muerto, mientras tanto cultivo el olvido, nada espero y solo aspiro a despertar de este sueño que algunos llaman realidad. Mi hogar es incivilizado, indómito, primitivo, pero ando tranquilo, que ya se encarga el destino de protegerme de mí mismo.

Disparador de escritura

Como esta semana la entrada sobre escritura creativa va de escribir a partir de la propia experiencia, y al hilo de este microrrelato, “Forajido”: escribe un borrador a partir de la palabra “hogar”, no te limites a la casa donde vives, puede que tu hogar esté en otro espacio, en otro tiempo, en otra piel o en otro espíritu que te late dentro. Es a eso a lo que me refiero cuando digo que escribas a partir de tu propia experiencia, de tu vida, pero sin ceñirte exclusivamente a lo autobiográfico.

Microrrelato Forajido

El actor

Disfrazaba el cuerpo para desnudar su alma, sumaba personajes que eclipsaran al gran bocazas, ese pequeño yo de sombra desmesurada al que no aguantaba. Había sido bailarina que danzaba en el aire sin alas; había sido ermitaño en cueva callada; niño andino de piedra; nómada de un desierto cualquiera; viejo de mirada traviesa; había sido un granuja, un payaso, un idiota, mujer recién fecundada, diosa, guerrera y una puta morbosa; había sido suicida, canalla, un alma candorosa y una mala persona; había sido un vagabundo loco, un chatarrero y uno de la bofia; había sido millonario, guaperas y un señor de derechas como Dios manda; eso fue después de ser un rasta fumador empedernido de marihuana; también había sido fantasma y un bala perdida y una marioneta, comodín de la baraja y tantas otras cosas. Y así pensaba continuar hasta lograr olvidarse de quién era.

Disparador de escritura

Como esta semana la entrada sobre escritura creativa va de listas, ahí va una más al hilo de este microrrelato de “El actor”: Haz una lista con todos los personajes que llevas ahí dentro y que has sido o te hubiera gustado ser y después vete escribiendo sobre ellos. También puedes hacer una lista con esos personajes que odias o detestas, que también andarán cerca, y haz lo mismo escribe sobre ellos. Tanto lo que amas como lo que detestas dispara una energía potente que el escritor debe saber utilizar.

Microrrelato El actor

Amor eterno

Cuando ella lo lanzó al abismo, pues como que se hizo mierda, porque si tiras a alguien al abismo, lo normal es que se haga papilla. Y no es que ella fuera mala, simplemente le había dado un pronto y lo había lanzado al abismo, aunque acto seguido, todo hay que decirlo, ya estaba arrepentida. Pero ya era tarde, con el novio ahí abajo, espachurrado, hecho un guiñapo, sangrando por todos los agujeros de su cuerpo y alguno más que se había hecho con tan tremenda caída. Lo que no se esperaba la defenestradora era que su novio, así como estaba, todo descuajeringado y con media cara nada más, porque la otra media era una masa amorfa y sanguinolenta, producto de su percusión con el suelo del abismo, se iba a levantar con esa sonrisilla que a ella tanto le sacaba de quicio y le iba a decir, pues no me ha dolido nada, guapa, para que te enteres, y a continuación se había tocado los huevos o, mejor dicho, el huevo que le quedaba, porque el otro había explotado por la brutalidad del impacto, no con la intención de dedicarle un gesto obsceno a su novia, sino simplemente para colocárselo, pero a ella, aquello le había vuelto a poner frenética, porque vale que no había querido lanzarlo al abismo, que había sido un arranque, pero que él le sonriera y se tocara el huevo que le quedaba, le cabreó mucho y se lanzó al abismo de cabeza y en picado para rematarlo. Su novio, viendo lo que se le venía encima, hizo todo lo posible para recogerla en sus brazos y que no se hiciera daño, pero no atinó porque andaba algo aturdido con el batacazo y ella se dio una hostia que no te quiero ni contar, y él se acercó a rastras hasta ella que sangraba por todos los agujeros de su cuerpo y alguno más que se había hecho con semejante trompazo y él le hizo el boca a boca, aunque a ella de boca le quedaba más bien poca, un par de dientes y medio labio colgando, pero aquel gesto de amor de su novio la enterneció y se reconciliaron y se juraron amor eterno, aunque duró muy poco, porque al instante siguiente ya estaban muertos.

Microrrelato Amor eterno