Escritura creativa 20 (Lo ordinario y lo extraordinario)

Sugerencias

 Hoy vamos a abordar lo ordinario y lo extraordinario en el proceso de escritura. Así que prepárate para aprender a escribir sobre lo banal.

No confundas “detalle” con “insignificante”, “pequeño”, “sin importancia”. Por muy grande y fantástica que sea una cosa, al mismo tiempo es banal, ordinaria.

El detalle original es algo extremadamente banal, excepto para la mente capaz de darse cuenta de su excepcionalidad. Ese detalle te llevará a la otra orilla, a la zona de sombra que hay detrás de todo y que querías iluminar.

Para escribir sobre algo hay que penetrarlo íntimamente y entenderlo, de manera que lo banal-extraordinario relampaguee delante de tus ojos. Porque vivimos tanto para nosotros como para la alcachofa sin carisma que comimos ayer y que nos ha dado su vida: todo está interconectado. Sintiendo así, los saltos interiores que exige la poesía o las ligazones entre períodos de la prosa saldrán de forma natural, puesto que estamos en contacto con la inmensidad del movimiento.

El escritor escribe sobre cosas a las cuales los demás no prestan atención. Nuestro trabajo consiste en dar vida a lo banal, a lo pequeño, a lo cotidiano, consiste en despertar al lector a la excepcionalidad de lo existente. Escribir es viajar sorprendidos, ser forasteros en la propia ciudad, mirar siempre de forma nueva.

lo ordinario y lo extraordinario

Disparadores de escritura

  1. Haz una lista de lo más banal que puedas imaginar y oblígate a ir escribiendo sobre ello.
  2. Ahora Haz que algo familiar, cotidiano, resulte extraño.
  3. Y lo contrario: Haz que algo extraño resulte familiar.
  4. Escribe a partir de un gesto, un estornudo, la forma de mover las manos mientras se habla, rascarse, cojear, toser, mirar de reojo, etc.
  5. Personajes que no son lo que parecen: el confiado es desconfiado, el loco es cuerdo, el satisfecho es insatisfecho, el tímido es extrovertido, etc. Prueba con ello.
  6. Haz una lista de personajes y hechos cotidianos que te llaman la atención. Y vete escribiendo sobre ellos.

Oficio de escribir

 “¿Me contradigo?/ Muy bien, entonces me contradigo:/ soy enorme, contengo multitudes”. W. Whitman

“Las apariencias de las cosas engañan”. Séneca

“Una inteligencia que conociese, por un instante determinado, todas las fuerzas que animan la naturaleza y la situación respectiva de los seres que la componen, si además fuese lo suficientemente poderosa para someter todos estos datos al análisis, abarcaría en una misma fórmula los movimientos de los mayores cuerpos del universo y los de los más ligeros átomos: nada le sería desconocido y tanto el pasado como el futuro estaría presente a sus ojos”. Laplace (Introducción a la teoría analítica de las probabilidades)

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”. Apocalipsis, 21,1

“No cesaremos de explorar/ y el final de toda nuestra exploración/ será llegar a donde comenzamos/ y conocer el lugar por primera vez”. T. S. Eliot

“Ver el mundo en un grano de arena. Y el cielo en una flor silvestre, encerrar el infinito en la palma de tu mano, y la eternidad en una hora”. William Blake

“En ese entonces yo no sabía qué era la vastedad, pero la sentía: poder abarcar tantas cosas y tan contradictorias, el que lo aparentemente incompatible pudiera ser válido al mismo tiempo, el poder sentirlo así sin morir de miedo, y que se lo debiera nombrar y considerar, la verdadera gloria de la naturaleza humana, eso fue lo que realmente aprendí de ella”. Elías Canetti (refiriéndose a su madre)

“Ahora sí que ya os miro/ cielo, tierra, sol, piedra,/ como si al contemplaros viera mi propia carne./ Ya sólo me faltabais en ella/ para verme completo/ hombre entero en el mundo/ y padre sin semilla/ de la presencia hermosa del futuro”. Emilio Prados

Escritura creativa 19 (No digas, muestra)

Sugerencias

 No digas, muestra”, dice el viejo refrán flaubertiano sobre el arte de escribir. Por ejemplo, no declares tu tristeza, muestra lo que te ha entristecido. No hay que decirle al lector lo que debe sentir, sino mostrarle la situación, eso le despertará el mismo sentimiento.

Escribir no es hacer psicología. El escritor no habla sobre pasiones, la rabia, el amor, la desidia. El escritor tiene emociones y mediante sus palabras las despierta en el lector. Por ejemplo, si estás describiendo un parto, lo importante son los hechos, los protagonistas. No hace falta hablar del misterio de la vida, eso se desprenderá de lo que estás contando.

Al escribir hay que mantener el contacto con nuestros sentidos y los primeros pensamientos, esas intuiciones con que la mente ilumina la experiencia, el estado de máxima comunión con lo que nos rodea.

En nuestro cuaderno podemos anotar frases como “quiero escribir sobre mi madre” o “quiero reflejar la vida de esta ciudad”. Como propósitos pueden ser muy buenos, pero lo que se espera del escritor es una historia, no una declaración de intenciones, una zambullida en los territorios de nuestras inquietudes que obliguen al lector a zambullirse a su vez.

A veces las afirmaciones generales hay que hacerlas, pero procura sostenerlas sobre una imagen concreta: el mirlo es más negro sobre la nieve de enero y su canto más limpio entre los olmos del parque de la niñez.

También podemos escribir de lo que no tenemos experiencia, pero para ello hemos de poner los cinco sentidos y llenar ese tema de vida, reviviéndolo: si tú no entras en él, los lectores tampoco se lo creerán.

Fíjate en los diálogos: están presentes en casi todos los géneros. En un diálogo, el escritor desaparece tras los personajes que hablan. El diálogo debe ser ágil, consecuente, dueño de la palabra y la psicología. Los buenos diálogos desarrollan la acción, no la repiten.

El uso del diálogo conlleva el don de escuchar y de interrogar.

no digas muestra

Disparadores de escritura

  1. No digas, muestra: Un hombre estresado, una abuela enamorada, un niño triste, una mujer que duda…
  2. Muestra: una pelea entre amigos, la muerte de una persona cercana, una fiesta, una discusión en la cola de un almacén…
  3. Ahora muestra: terror, indiferencia, complicidad, sospecha…, sin nombrar esas palabras.
  4. Escribe sobre un personaje cínico, valiente, irónico, perplejo…, sin nombrar ese atributo expresamente.
  5. Muestra diferentes atmosferas: penosa, incierta, agobiante, morbosa, inquietante, onírica…
  6. Haz una lista de las cosas sobre las que te gustaría escribir, ahora entra en la historia.
  7. Haz diez afirmaciones generales, ahora intenta sostener cada una en una imagen concreta.
  8. Un extraño aparece en tu círculo íntimo… ¿Quién es? ¿Qué ocurre?
  9. Cuenta algo que no hayas experimentado directamente, que te hayan contado, que hayas leído, que hayas imaginado…
  10. Un diálogo entre dos personajes, intercala sus monólogos interiores.

Oficio de escribir

 “No intentéis explicaros”. Ernest Hemingway

“Una obra que contiene teorías es como un objeto en el que se ha dejado la etiqueta del precio”. Marcel Proust

“Contemplad el mundo y uníos estrechamente a la vida”. E. Hemingway

Escritura creativa 18 (Juega con el absurdo)

Sugerencias

 Juega con el absurdo. El absurdo no es inocente. Suele ser una eficaz manera de desnudar de mentiras eso que llamamos realidad. En los esperpentos de Valle Inclán, por ejemplo, lo trágico es cómico y al contrario, en la comicidad de muchas situaciones reside lo más profundo e inalcanzable de la tragedia humana: nuestra sociedad española se reconoce en el esperpento al primer golpe de vista. El teatro del absurdo es otro ejemplo de la fertilidad de las situaciones más disparatadas. El Quijote, la picaresca…, la literatura española está cargada de elementos absurdos, crueles y tiernos, blasfemos y místicos, cómicos y siniestros, fúnebres y placenteros.

Un método para introducir tu voz en el absurdo: escribe frases incisivas, provocadoras y disparatadas, absurdas, del tipo de “se lanzó de la cama y consiguió llegar a nado hasta la puerta de la habitación”, “la hija del árbol se asoma por un agujero de la tierra”, “los escarabajos se habían colado en el instituto”. Pasado un rato, relee esas diez o doce frases y quédate con la que más te guste, y a partir de ella construye una historia. Una vez encontrado un buen comienzo, normalmente el resto de la pieza funciona.

Un buen comienzo es esencial, es la llave del texto futuro. Y, por supuesto, un buen final también lo es.

Escribe bajo apremios muy arbitrarios, no seas monotemático. Siempre hay un tren enamorado del pueblo y que se demora en su estación o una amapola que se viste en Zara humildemente. Fija la primera frase del texto, parte de una palabra clave, o de un título, y prosigue persiguiendo lo imposible.

Disparadores de escritura

  1. Escribe diez frases incisivas, provocativas, absurdas, déjalas reposar. Vuelve más tarde sobre ellas y escribe historias cortas a partir de ellas. Déjate ir, zambúllete en el absurdo.
  2. Repara en los comienzos: parte de la primera frase de un texto, de una palabra clave, de un título, empieza por el final.
  3. Cuenta una mentira descabellada con total aplomo, no te cortes.
  4. Construye diez frases con la misma palabra concreta y mira a ver a dónde te lleva.
  5. Juega a equivocar las coas, juega con la exageración, juega con la sorpresa, juega con lo que se sale de la norma, juega con lo ilógico, con el sinsentido.
  6. Prueba diferentes inicios: testimonial, epistolar, dialogado, descriptivo, informativo, autobiográfico, histórico, en plena acción.
  7. Títulos absurdos del tipo “Un ordenador tímido”, “El móvil poeta”, “Una escobilla de váter enamorada”, es decir, un objeto normal y un atributo absurdo.

Oficio de escribir

“El comienzo es ya la mitad del todo”. Aristóteles

“En mi comienzo está mi final. En mi final está mi principio”. T. S. Eliot

“Cuando escribas vete directo y al grano, y déjate de tonterías”. Juan Madrid

“En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas”. Horacio Quiroga

“Cuando se aprende a escribir sin titubeos ya no se tiene nada que decir, nada que valga la pena”. Augusto Monterroso