Escritura creativa 7 (Directamente a las cosas)

Sugerencias

Máxima fundamental en la escritura: directamente a las cosas.
Al escribir, acércate a las cosas como si cada vez fuese la primera. Cultiva tu sensibilidad y mantén una actitud ingenua y curiosa siempre.
Cualquier cosa sirve para comenzar a escribir, pero a partir de ahí hay que volar, atreverse, ir a todas partes, recorrer las calles del mundo y de la vida.
Cuando escribas, lo sabes todo, todo es verdad, puedes decir lo que quieras. La escritura es consecuencia del asombro.
La sencillez es el mayor valor en arte. Hemos olvidado cosas muy simples y fundamentales, como el olor corporal o la importancia de la respiración: se impone el retorno.
Cuando se te vaya una idea, no trates de volver a atraparla en las palabras, en el pensamiento discursivo: intenta volver al instante en que nació, en que sentiste esa idea, a aquello que te sacudió.
Un buen método para resolver las dificultades de la escritura es escribir dichas dificultades: un problema que anotamos es un problema que medio resolvemos.
Y recuerda que el significado etimológico de estética está relacionado con los verbos percibir y sentir.

Disparadores de escritura

  1. Escribe de dónde vienes, qué haces, qué es lo que te ha hecho ser como eres. Empieza con cualquier cosa que tengas delante, la situación, si estás tranquilo, ofrece el argumento.
  2. Anota tres cosas que te parezcan fundamentales en tu vida y luego escribe sobre ellas como si no tuvieran ninguna importancia.
  3. Esboza una historia en cinco líneas y mira a ver, como lector, qué preguntas te surgen. Entrena tu mecánica de la curiosidad. No des nada por supuesto.
  4. Juega con la hipótesis fantástica, de la que hablaba Gianni Rodari: ¿Qué pasaría si…? O llévala a tu vida: ¿Qué hubiera pasado si…?
  5. Dale la vuelta a la cosa y escribe partiendo de lo contrario de lo que piensas.
  6. Anota las dificultades que te encuentras a la hora de escribir.

Oficio de escribir

«Normalmente, los que poseen un gran talento son ingenuos». Montesquieu
«Una gran verdad es aquella cuyo opuesto también lo es». Thomas Mann
«Busca a tu complementario,/ que marcha siempre contigo/ y suele ser tu contrario». Antonio Machado
«Entre el crimen y la inocencia no hay más que el espesor de una hoja de papel timbrado». Anatole France
«Lo horrendo es bello y lo bello es horrendo». Shakespeare
«No se piensa más que por imágenes. Si quieres ser filósofo, escribe novelas». A. Camus
«El que se demora demasiado en examinar sus proyectos, no los ejecuta. Para escribir no hay mejor receta que escribir». Bioy Casares

Escritura creativa 7 (Directamente a las cosas)

Escritura creativa 6 (Cuidado con el censor interno)

Sugerencias

Algunos de los principales obstáculos a los que nos enfrentamos cuando escribimos no son de orden técnico.
Ocurre, por ejemplo, con esa voz que escuchamos dentro de nosotros y que dice cosas como: ¿pero qué vas a escribir tú?, ¿qué vas a decir que no esté dicho?; ¡cuidado!, de eso no se habla; vamos, dedícate a algo más provechoso, tú no vales para esto, etc., etc.
No te preocupes, nos ocurre a todos. Se trata del censor interno, el controlador o, como yo le llamo, el aguafiestas, ese personaje que subido a nuestra chepa nos susurra o nos grita a la oreja toda clase de aseveraciones con el fin de desanimarnos.
Es un tipo pesado y cenizo que repite machaconamente sus argumentos para desmoralizarnos y hacer que tiremos la toalla.
Un buen truco es dejarle hablar, su discurso negativo te cansará pronto y de paso lo conocerás. De esa manera podrás estar alerta ante su aparición y aparcarlo fácilmente para que no te dé la monserga.
Ojo, no confundas a este muermo del aguafiestas con el corrector que todo creador lleva dentro y que será el encargado de revisar, corregir, tachar y pulir tus escritos hasta dejarlos lo más redondos y perfectos que puedas cuando entres en esa segunda fase de la escritura en la que se trata de terminar un borrador.
Otro de los problemas que solemos tener los que escribimos es la lucha entre la disciplina y la pereza y que nos lleva a encontrar todo tipo de justificaciones para no ponernos a escribir.
En esos casos es conveniente buscar un sistema eficaz para comenzar a escribir, para encender el motor. Aunque lo mejor es no complicar las cosas sencillas: cuando quieras escribir, escribe.
Que te cuesta, prueba a: comprometerte con alguien a pasarle tu escrito y que esa persona lo lea y te lo comente, si es eso lo que quieres; ponerte un horario, aunque sean diez minutos o media hora al día; escribir cuando no sueles hacerlo, por ejemplo, nada más levantarte; prueba a escribir y luego regálate con lo que más te guste, un paseo, un pastel, un rato de música, etc.; márcate una tarea a la semana o al mes y hazla, que no te importe la calidad, solo cumple con el compromiso que has adquirido contigo mismo.

Disparadores de escritura

  1. Convierte a tu censor interno, a tu controlador, en un personaje, mira cómo viste, dónde está, qué hace y qué dice, invítale a un café y hazle hablar.
  2. Algunas ideas para escribir cuando uno está en blanco, bloqueado:
    1. Comienza por la frase de un libro abierto al azar.
    2. Comienza por una frase que has escuchado en la calle.
    3. Forma palabras con las letras de otra palabra cualquiera y escribe a partir de ahí.
    4. Pide a alguien que te escriba cualquier tontería en tu cuaderno y escribe a partir de eso.
    5. Forma parejas de palabras bien contrastadas y ponlas en relación, lo que Gianni Rodari llamó «Binomio fantástico» en su libro «Gramática de la fantasía».
    6. Haz collages de palabras y escribe a partir de ellos. En cualquier momento puede aparecer una historia, un personaje, una chispa desencadenante.
    7. Tira una palabra sobre el papel y asocia todo lo que se te ocurra asociar con esa palabra. A esto lo llamó Gianni Rodari «La palabra en el estanque».
    8. Abre una carpeta de imágenes y vete metiendo las que te vayan tocado por lo que sea. Utilízalas para escribir cuando no sepas por dónde empezar.

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Escritura creativa 5 (Escribe un diario peligroso)

Sugerencias

Una buena forma de practicar la escritura creativa, partiendo, como decíamos en la anterior entrada, de nuestra propia experiencia, es escribir un diario, a ser posible un diario peligroso.
Hazlo sin ninguna pretensión literaria, como puro ejercicio de libertad expresiva, como un juego creativo, divirtiéndote con ello. No lo olvides, a escribir se aprende escribiendo.
En un diario cabe todo, cualquier contendido, cualquier formato. Te puedes poner poético y escribir un poema de amor a las zapatillas que usas en casa, narrar toda una historia descabellada después de tu compra en el Mercadona, puedes recoger un diálogo que hayas escuchado en el ascensor o en metro y continuarlo y llevarlo hacia donde quieras, puedes partir de una noticia y reescribirla como quieras porque ahora tú eres el corresponsal de guerra, puede hacer un apunte autobiográfico que te sorprenda, puedes dibujar, recortar y pegar una imagen y escribir a partir de ella, puedes escribir a la deriva.
Es tu diario y puedes hacer lo que quieras, no va a haber ningún profesor que te juzgue, te califique, te apruebe o te suspensa.
En tu diario puedes, incluso, dejar de ser quien crees que eres y convertirte en una niña de siete años que piensa que los adultos están locos o en un viejo de cien que se parte la polla con todo. Puedes ser un preso recluido en una cárcel de máxima seguridad, una ejecutiva agresiva e implacable o una monja de clausura que tiene un lance amoroso con el jardinero del convento.
Puedes ser, incluso, una piedra, una araña, un algarrobo o un gato arisco y cabrón y contar cómo ves el mundo, la vida y el día a día desde ahí.
En cualquier caso, con lo que has de tener mucho cuidado es con el típico diario cifrado, ese que se usa como válvula de seguridad y no como olla a presión.
El truco: escribir un diario peligroso. Se trata de descubrir lo que no sabes, no de registrar mecánicamente lo que ya sabes. Huye del lenguaje abstracto y autorreflexivo y psicoanalizante. Sé preciso, concreto, visual. Parte hacia lo desconocido, aventúrate, corre riesgos, sé indómito y osado en tus pensamientos y en la manera en que los expresas.
Usa tu diario para descubrir el lenguaje en bruto, los personajes y las voces que te habitan, los temas que vuelven una y otra vez a ti como pegajosas moscas.
Escribe una página al día, no te va a llevar más de diez o quince minutos y al final del año tendrás un libro o varios.
No cuentes la versión oficial de ese día, concéntrate en imágenes y hechos que se te hayan grabado, verás cómo lo que te parece trivial, deja de serlo, y lo que parece muy importante puede alcanzar una dimensión cómica que te aliviará de tan pesada carga.

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