Como te lo cuento 1 (Un cuento sobre el cuento)

Creo que desapareceré dentro de un cuento, como aquellos antiguos pintores chinos que desaparecían dentro de uno de sus lienzos.

Tengo un calendario que nunca miro, porque no sé en qué día vivo ni en qué cuento ando metido.

A veces mis sueños tienen esa atmósfera terrible que tienen algunos cuentos infantiles.

Ayer oí decir a mi vecina, doña Paca, que hay que dejarse ya de cuentos, que hay mucho cuento chino, que esto parece el cuento de nunca acabar y que ya es hora de ponerse en cuentos.

Todos mis poemas son un puro cuento de amor impuro que ni te cuento.

Siento que ya estuve aquí contándote este cuento que ahora te cuento.

Me gusta volar en la alfombra mágica de aquel cuento que leí cuando era pequeño.

No tengo miedo porque el miedo es otro cuento, ese que mi mente me cuenta para meterme el miedo en el cuerpo.

Me pone triste que se acabe el cuento, pero lo arreglo empezando a escribir otro nuevo.

El otro día lloré, después de mucho tiempo, y fue leyendo un cuento.

Me gustan los colores, los aromas y sabores que le ponen a la vida los cuentos.

Desde que dejé de fumar siempre hay un personaje en mis cuentos que fuma como un carretero, yo creo que es para joderme.

como te lo cuento

Cuando algo me gusta lo regalo al mundo escribiendo un cuento.

Miro con detenimiento las guardas y los lomos de los cuentos porque es ahí donde se esconden, a veces, los personajes que no encuentro.

Todo el mundo me cuenta su vida y yo disfruto de alguno de esos cuentos y con otros me aburro como un muerto.

Nunca cierro las ventanas porque por ahí se cuelan en ocasiones, esos cuentos errabundos que como pájaros van surcando los cielos.

Mi escritor favorito soy yo cuando estoy escribiendo un cuento, aunque al final termine en la papelera como tantos cuentos a los que no les encuentro la manera.

Creo que la historia de la música está hecha de cuentos que los músicos nos cuentan en ese lenguaje universal que entiende el mundo entero.

Mi ex estaba convencida que la quería menos a ella que a mis cuentos y, quizás, estuviera en lo cierto.

No sé doblar la ropa, pero de vez en cuando consigo dejar un cuento planchado.

Cocino los cuentos a fuego lento, aunque el primer borrador siempre sale a vuelapluma y ligero.

Continuará…

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