Esquina Castilla Pérez (La mirada del barrendero)

Esquina Castilla Pérez
con calle Diputación,
la escoba en una mano
y en la otra el recogedor,
espero a que pase el santo
San Isidro Labrador.
Dos bueyes tiran del carro,
los caballistas en pos
y el pueblo en romería
le sigue con devoción.
Recoger estiércol toca
y con alegría lo hago,
lo que hago no importa,
pero sí cómo lo hago.
Cagajones de caballo,
incrustados en el suelo,
el recogedor metálico
me sirve de pala y luego
voy llenando las cubetas
con todo ese abono bueno.
Rebosante va mi carro
de la bosta de caballo,
pero yo ya no la huelo,
mi olfato está anestesiado.
Con mi deber cumplo y barro
con amor y con cuidado
calles de mi pueblo llenas
de excrementos de caballo.
Son las cinco de la tarde
cuando termino el trabajo
y me tomo una cerveza
para celebrar al Santo:
¡Por el crecimiento orgánico
y ese estiércol necesario!

La mirada del barrendero 16

“La mirada del barrendero”

En un pueblo costero de Málaga, Nerja, un barrendero barre en silencio y observa a esos seres humanos con los que nos cruzamos a diario y en los que apenas reparamos; mientras posa su mirada en unos objetos que, por cotidianos o desechados, ignoramos.

Un barrendero, testigo de amaneceres de ensueño, hecho a los calores del verano, las lluvias y los intempestivos vientos, que contempla la naturaleza como un ente vivo que nada tiene que ver con el paisaje de fondo de nuestros selfies.

Una mirada, la suya, limpia, libre de toda patraña, que no analiza ni separa, que solo vislumbra y calla; una mirada que contempla lo visible y a lo invisible se encauza, que con todo se maravilla, que no rechaza nada y se funde con la vida, como nos dice él mismo en uno de sus poemas.

Una forma de contemplar que nos incita a descubrir lo maravilloso en el corazón mismo de lo inmediato y que nos hace vislumbrar el misterio que hay encerrado  en todo, por insignificante que parezca.

Una invitación a mirar con amor todo lo que nos rodea, pues es justamente en esa mirada, alejada de nuestros fines egoístas y que entra en comunión con el Alma del Mundo, donde reside la auténtica belleza.

Una poesía visual, musical y con un lenguaje sencillo que huye del artificio literario. Unos versos que fluyen como fluye un río.

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