Maquinaria educativa

Caen desesperadas multiplicaciones sobre pupitres carcomidos por un aburrimiento inmenso. La voz que enseña se pierde entre calcetines sudorosos y bostezos. La pizarra querría viajar lejos, a una isla paradisíaca para tumbarse al sol y tomarse una piña colada. Hay en el aula niños con alas cortadas y una caja de cartón en la cabeza. Nadie recuerda cómo llegó hasta allí, ni los niños ni la pizarra ni esa voz que olvidó hace mucho lo que enseñaba. Tal vez si alguien abriera una rendija, piensa el viejo mapa con olor a moho, entraría un poco de aire fresco entre tanto polvo de tiza y se agitarían las perchas vacías de futuro de las que cuelgan abrigos como espantapájaros. Pero nadie se atreve con el cascabel y mucho menos con el gato. Preferimos la ceniza de los días y seguir girando en la absurda noria. Bueno, Leo no lo prefiere, él dibuja nubes y cabalga en ellas hasta remotos territorios que no aparecen en los mapas y en los que todavía es posible correr una aventura.

Microrrelato maquinaria educativa

2 Comentarios

    1. Gracias, Marisol, ya ves, Leo, el niño que se pasaba el día en las nubes, un personaje que se ha descolgado (de las nubes) y que se ha presentado así, como siempre se presentan los personajes, sin avisar.
      Un abrazo.

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