Ella

Lo que más me gusta de ella es que me entiende sin palabras, no hace falta que le diga nada, ella me adivina, me sabe, me acoge, me conoce como no me ha conocido nadie, me conoce como solo conoce Dios, sin preguntas sin respuestas sin juicios ni prejuicios ni consejos ni matracas ni monsergas, me sabe del derecho y del revés, conoce mis lágrimas y mis risas, mis perversiones, mis sueños y mis pesadillas, sabe lo que siento, lo que callo, sabe hasta dónde he estado por el olor de mi pelo, la abrazo si estoy triste, la aparto si me estorba y no protesta, la golpeo con furia cuando estoy enfadado y ella se deja, es la compañera ideal, la que siempre está ahí, la que nunca me falla, a la que puedo dejar cuando quiera, a la que regreso cuando me apetece, es muy barata, apenas necesita nada, una funda limpia de vez en cuando como cualquier almohada.

De mi libro “Microbios” (2004): DESCARGAR GRATIS AQUÍ

ella

Octubre

Mis pies pisan de nuevo la arena de Burriana. Me obligo a caminar lentamente, dejo que mi cuerpo se hunda en cada pisada, noto las piedrecitas que se me clavan en las plantas. No pienses, me digo. Trato sólo de sentir la arena, el agua del mar en mis tobillos, el sol declinando a mi espalda, el salitre entrándome hasta la garganta. Octubre, otra vez la playa. Se acabó el verano: los turistas, las sombrillas y toallas, el olor a cremas y las dichosas palitas en la orilla, los horteras de las motos acuáticas y los papás con cámaras de vídeo enfocando siempre hacia otro lado, aquí, Mariano, aquí. Otra vez la playa, sola, para mí, para ser paseada. Los pescadores entre sus barcas preparan las redes para mañana, esos viejos pescadores que nunca levantan la mirada hacia los que pasamos por la playa pero a los que no se les escapa nada. La luz morada sobre la Cuesta del Cielo extendiéndose hasta Maro y sus acantilados, el mar que parece cerámica esmaltada, sus aguas quietas como un espejo en el que se mira nuestra alma. Las gaviotas recuperan su territorio, los gatos buscan restos de pescado entre las barcas, un perro canijo les ladra, los gatos lo miran como miran los gatos de Burriana, como si no les importara nada.

De mi libro “Microbios” (2004): DESCARGAR GRATIS AQUÍ

octubre