Maquinaria educativa

Caen desesperadas multiplicaciones sobre pupitres carcomidos por un aburrimiento inmenso. La voz que enseña se pierde entre calcetines sudorosos y bostezos. La pizarra querría viajar lejos, a una isla paradisíaca para tumbarse al sol y tomarse una piña colada. Hay en el aula niños con alas cortadas y una caja de cartón en la cabeza. Nadie recuerda cómo llegó hasta allí, ni los niños ni la pizarra ni esa voz que olvidó hace mucho lo que enseñaba. Tal vez si alguien abriera una rendija, piensa el viejo mapa con olor a moho, entraría un poco de aire fresco entre tanto polvo de tiza y se agitarían las perchas vacías de futuro de las que cuelgan abrigos como espantapájaros. Pero nadie se atreve con el cascabel y mucho menos con el gato. Preferimos la ceniza de los días y seguir girando en la absurda noria. Bueno, Leo no lo prefiere, él dibuja nubes y cabalga en ellas hasta remotos territorios que no aparecen en los mapas y en los que todavía es posible correr una aventura.

Microrrelato maquinaria educativa

Mi querido diario

Querido diario:
Un día más no tengo nada interesante o poético que contarte. Esta tarde, mamá le ha pegado otra paliza a papá, que se ha escondido debajo de la mesa camilla, y cuando estaba ahí, ha llegado Rambo, el pitbull de mamá, y le ha meado encima. En fin, lo de siempre.
Me gustaría tener algo más literario que contarte, mi profe dice que todo es literatura, pero cuando lo veo desayunando esos churros grasientos que ponen en la cafetería del insti y las gotas de chocolate le chorrean por la barbilla y le manchan su camisa blanca, me entran ganas de vomitar y me levantaría y correría a los servicios, pero en lo que va de semana ya me han violado dos veces en los servicios y entonces me aguanto. Y si no puedo aguantar, corro a la biblioteca y vomito en cualquier rincón, la bibliotecaria es una adicta a los juegos de guerra, como mi hermano, y no se entera de nada porque está siempre empantallada en el ordenador.
Ah, hoy en el recreo he hablado con mis amigas del futuro, Lourdes últimamente solo habla de Dios, cuando acabe el insti quiere matricularse en Teología, y Silvia no quiere seguir estudiando, ella quiere ser actriz porno. Como verás nada especial, en mi insti la que no quiere ser teóloga, quiere ser actriz porno, yo quiero ser poeta, pero nunca encuentro motivos poéticos para escribir. Bueno, sí, ayer vi que había crecido una hierbita en el alféizar de mi ventana, me pareció supermegahiperpoético, pero llegó un pajarraco, creo que era una paloma, y la arrancó y se la llevó.

Microrrelato querido diario

Forajido

Mi hogar en la frontera, desierto azotado por inhóspitos vientos y habitado por tiernas alimañas y raros aguaceros que todo lo embarran. La puerta de mi casa no tiene cerradura y solo crecen los cactus en esta tierra dura. En mi hogar, a veces, paran mujeres extraviadas que montan caballos fantasmas. También lo frecuentan bandoleros parcos en palabras y de gestos contenidos, que hacen negocios ilegales, pero limpios. En mi hogar la única música la pone el silencio cuando para el viento. Al fin, tengo dónde caerme muerto, mientras tanto cultivo el olvido, nada espero y solo aspiro a despertar de este sueño que algunos llaman realidad. Mi hogar es incivilizado, indómito, primitivo, pero ando tranquilo, que ya se encarga el destino de protegerme de mí mismo.

Disparador de escritura

Como esta semana la entrada sobre escritura creativa va de escribir a partir de la propia experiencia, y al hilo de este microrrelato, “Forajido”: escribe un borrador a partir de la palabra “hogar”, no te limites a la casa donde vives, puede que tu hogar esté en otro espacio, en otro tiempo, en otra piel o en otro espíritu que te late dentro. Es a eso a lo que me refiero cuando digo que escribas a partir de tu propia experiencia, de tu vida, pero sin ceñirte exclusivamente a lo autobiográfico.

Microrrelato Forajido