Como te lo cuento 4 (Un cuento sobre el cuento)

Duermo solo aunque duerma con alguien a mi lado y en sueños compartamos el mismo cuento.

El pasado es el cuento que cada uno se cuenta reinventándolo a cada momento.

He cambiado de opinión un millón de veces, solo por llevarme la contraria y contarme otro cuento.

Soy capaz de amar a cualquiera, aunque no venga a cuento, si tiene la imaginación despierta.

Siempre me ha encantado ese proverbio yiddish que dice: “Dios hizo al hombre porque le encantan los cuentos”.

Un día intenté perderme en un cuento, pero los personajes a los que todavía no les he dado un cuento me lo impidieron, no querían quedarse en el limbo para los restos.

Suelo dormir con el ojo de la mente abierto porque en los territorios oníricos se pueden cazar muchos cuentos.

como te lo cuento cuatro

Pierdo a los amigos en los rápidos de un cuento y, a veces, en los meandros de otro, los reencuentro.

La poesía es el mejor cuento sobre el Misterio que nunca resolveremos.

Quiero que te quedes con el cuento.

Mi mujer es el narrador omnisciente de mi propio cuento, y se lo agradezco, porque yo no tengo perspectiva para narrarme a mí mismo.

Disimulo cuando se me acerca un personaje que me gusta y luego lo sigo a hurtadillas para robarle su cuento.

Veo en la tele de un amigo un telediario, ¡qué cuento más macabro y más mal contado!

Yo nunca dije colorín colorado, pero estaba claro que aquel cuento de la Revolución también se había acabado.

Siento placer cuando en un cuento me encuentro con esos personajes que no son buenos o malos sino todo lo contrario.

Me gusta el sol y la playa y contarme cuentos sobre los que están tumbados a mi lado en las toallas.

La vida parece absurda, pero luego, según avanza el cuento, me voy dando cuenta que todo tiene su fundamento.

Siempre he preferido un buen cuento de esos que no sabes por dónde cogerlos, que un discurso, un sermón o un panfleto en forma de cuento.

Creo en la fragancia que deja todo buen cuento en el alma. Amén.

Busco un cuento para esos personajes extravagantes con los que me cruzo en la vida y que no encajan en ninguna parte.

El arte no sirve para nada, dice un majadero, y lo meto en un cuento y el tío cipote descubre que tiene un espíritu libre dentro.

Camino con las manos metidas en los bolsillos, acompañado siempre por un montón de cuentos.

Continuará…

 Como te lo cuento 1

 Como te lo cuento 2

Como te lo cuento 3

Como te lo cuento 3 (Un cuento sobre el cuento)

Todos los días pienso: tienes que dejarlo. Y acto seguido me digo: a otro con ese cuento.

En la carretera de la vida es donde se van escribiendo los cuentos, y mira que hay carreteras, casi tantas como vidas.

Mi tema de estudio es: ¿Hay algo que no sea un cuento? Y creo, a fuer de ser sincero, que nunca desentrañaré ese misterio.

Me acuerdo de un cuento que me contaba mi papá de pequeño cuando por las noches me metía con él en la cama, trataba de un mono titiritero que era el más listo del mundo entero.

como te lo cuentoCreo que todos, familiares y amigos, esperaban más de mí, siento haberlos defraudado dedicándome a escribir cuentos, pero mejor defraudarlos a ellos que a mí.

Mi película favorita es un cuento muy tierno, León el Profesional. Un hombre que cuida así de su planta tiene que ser bueno, aunque se dedique a asesinar.

Leo en el periódico un montón de cuentos que no me creo: son inverosímiles y además están muy mal escritos.

Siempre estoy en medio de un cuento, es mi sino, y hace tiempo que me he rendido y lo acepto.

Puede parecer una cursilada, pero me gusta que haya animalillos en los cuentos, un perro vagabundo, una rata lectora, una cucaracha o un dinosaurio a los pies de una cama.

Cuando escribo un cuento, busco la manera de sorprenderme a cada rato, porque me aburro si me lo sé todo de antemano.

Sentado en una terraza, miro a la gente que pasa y me pongo frenético, ¡la de cuentos que me estoy perdiendo! Sí, lo sé, soy un adicto, un maniaco compulsivo.

Dudo de todo menos de que escribir cuentos me ha salvado la vida, aunque haya terminado como un cencerro.

Lo que me hace realmente feliz es incitar a otros a contar cuentos, soy una oreja perfecta, y mejor con un vino en la copa y alrededor de un buena hoguera.

Solo te quería preguntar, ya puestos, y dado que has tenido la paciencia tibetana de llegar hasta aquí: ¿a ti te gustan los cuentos?

Creo que mi hija, si la hubiera tenido, me habría salido científica y yo habría disfrutado con sus cuentos.

“Se acabó el cuento. O no”. Podría ser mi epitafio.

Todo permanece estancado hasta que llega un cuento y lo revuelve todo por fuera y sobre todo por dentro.

Hay en la vida dos tipos de cuentos: los que te entretienen y los que te tienen agarrado por el cuello y cuando te sueltan, no tienes resuello.

Nunca he votado porque los personajes de los cuentos formamos una comunidad donde reina el respeto y no necesitamos de esos cuentos.

Continuará…

 Como te lo cuento 1

 Como te lo cuento 2

Como te lo cuento 2 (Un cuento sobre el cuento)

Mis padres se han pasado la vida diciéndome: ay, hijo, a dónde vas a llegar, no se puede vivir del cuento.

En mi mesilla tengo una pila de cuentos y un cuaderno para los que escribo en sueños.

Pienso que esta vida es un puro cuento.

Coincidí en una fiesta con un personaje femenino extraviado de su cuento y no paré hasta darle reposo en uno de los míos.

Colecciono dos tipos de cuentos: aquellos en que el capitán pirata se tira al abordaje el primero y esos otros en los que el personaje principal hace cosas sin venir a cuento.

En mi lista de la compra siempre hay algún embrollo para intentar desembrollarlo después en un cuento.

Paseo por los cementerios porque los muertos me cuentan cuentos que a doña Paca luego yo le cuento.

Dibujar es, justo, otra formar de contar un cuento, y me fascina el abstracto porque la sugerencia es la fragancia de todo buen cuento.

Antes de acostarme le cuento un cuento al hijo que no tengo y nos dormimos los dos abrazados y contentos.

Cuando conduzco, me voy contando cuentos que pillo desprevenidos cruzando por un paso de cebra.

Adoro los atascos que me regalan tiempo para perderme en los extrarradios de lo cotidiano por donde vagan muchos cuentos descarriados.

Me casé como en un cuento y yo era el príncipe azul y ella la princesa de la boca de fresa, pero después la cosa se empezó a enredar, como en todo cuento que se precie.

Creo que mi vida ha estado marcada por un montón de cuentos que leí y me creí a pie juntillas.

Ahora estoy trabajando de barrendero, y mientras barro, cazo cuentos al vuelo de esos que no tienen, como la vida misma, ni un final ni un comienzo.

Dibujar los personajes de los cuentos es trabajar con las luces y las sombras que todos llevamos dentro.

Mi maestro me salvó cuando me dijo: tú escribe tus cuentos y que le den por culo al mundo entero.

He ido a la peluquería y, en un rapado exprés al cero, el peluquero me ha contado los mil y un cuentos que Sherezade le contó a su carcelero.

Me excita no saber nunca lo que va a ocurrir a continuación en el cuento que estoy escribiendo. Me pone el imaginario tieso.

Soy un apasionado los cuentos, creo que de eso, a estas alturas, ya te habrás percatado, avispado lector.

No me arrepiento de haber dilapidado mi existencia en una tarea tan absurda e inútil como es la de escribir un cuento.

Continuará…