Besos tiernos

Hoy os traigo, Doce besos tiernos de mi libro Besos a la carta.

besos tiernos

 

Un beso tierno
cocinado con amor
a fuego lento.

 

Un beso juguetón
con pocas reglas
y mucha improvisación.

 

Un beso con lengua
y gramática propias,
con todas las letras.

 

Un beso dormidero
y algo enredador
con tacto a edredón.

 

Un beso creativo
y patas arriba
la imaginación.

 

Un beso regazo
cobijado en tu pecho,
abrigado en tu abrazo.

 

Un beso confeti
y otro serpentina,
contra la rutina.

 

Un beso muy picante
que te excite el paladar
y te entren ganas de amar.

 

Un beso mágico,
algo errático
y muy lunático.

 

Un beso cascabel
lleno de alegría
que te haga mucho bien.

 

Un beso abanico,
lenguaje secreto
de amorosos signos.

 

Un beso descanso,
de buenas noches,
ahí acurrucados.

 

El libro más fresco de este verano

Amor vacilón, humor travieso y sexo impúdico son los ingredientes de este banquete literario.

Un libro de poemas para saborear con placer y relamerse de gusto.

Te gustará, incluso si no sueles leer poesía.

Disponible en formato electrónico (2,99 €) y papel (9,99 €). Puedes leer las primeras páginas del libro aquí: http://amzn.to/2q7kOY3

Besos a la carta

Besos traviesos

Hoy os traigo, Trece besos traviesos de mi libro Besos a la carta.

Besos traviesos

Un beso incendiario
y me disfrazo de bombero
para apagar ese incendio.

 

Un beso pillín
que te haga tilín
y no te deje dormir.

 

Un beso en el ombligo
y me quedo ahí prendido
como un zarcillo.

 

Un beso rizado
que te ponga todo
el vello erizado.

 

Un beso veleta
que te dé la vuelta
y te deje majareta.

 

Un beso golfo
y tú te engolfas
y yo me engolfo.

 

Un beso pluma en la nuca
que baje por tu columna
y no se termine nunca.

 

Un beso aromatizado
a canela y limón
con su pizquita de ron.

 

Un beso disfraz
para que siempre
sea carnaval.

 

Un beso lluvia
que te empape toda
y te pueda secar.

 

Un beso de punto y coma,
de ¡qué punto de beso!,
¡estás para que te coma!

 

Un beso laguna
en el que te bañes
las noches de luna.

 

Un beso trapecista
colgado en tu flequillo
y de paso un piquillo.

 

El libro más fresco de este verano

Amor vacilón, humor travieso y sexo impúdico son los ingredientes de este banquete literario.

Un libro de poemas para saborear con placer y relamerse de gusto.

Te gustará, incluso si no sueles leer poesía.

Disponible en formato electrónico (2,99 €) y papel (9,99 €). Puedes leer las primeras páginas del libro aquí: http://amzn.to/2q7kOY3

besos traviesos

No es nada personal

Tenía pinta de abuelete sabio y bonachón. Delgado, el pelo canoso y una señorial barba blanca, los ojillos vivarachos de ratón y un traje impecable pero como de otro tiempo. Se dirigió a la puerta de su estudio y la abrió justo en el mismo momento en que la mujer iba a presionar el timbre con su dedo. Pase, pase, le dijo en tono afectuoso. El estudio estaba en un ático de doscientos metros cuadrados muy iluminado desde el que se podía ver el parque del Buen Retiro y la Puerta de Alcalá. La mujer, una prestigiosa galerista de Munich, rechazó el té con cardamomo que el viejecito le acababa de ofrecer: no dispongo de mucho tiempo, podemos empezar cuando usted desee. El viejo fue apartando con cuidado los paños que cubrían los cuadros, la mujer sacó una pitillera plateada, encendió un cigarrillo y echó una rápida ojeada a los cuadros, de vez en cuando se paraba delante de alguno, dejaba que su peso descansara sobre su pierna izquierda, luego sobre la derecha, daba una calada al cigarrillo y continuaba. Los cuadros eran inmensos, llegaban del techo al suelo y el más pequeño tendría unos tres metros de ancho. En las telas: escenas selváticas con plantas descomunales de colores imposibles y animales increíbles acechando entre la manigua. Demasiado naif, pensó la mujer, pero se abstuvo de decir nada por no herir la sensibilidad del artista, no fuera a tomárselo como algo personal. Me temo que va a ser difícil, dijo al cabo de un rato mientras buscaba inútilmente un cenicero donde echar la ceniza del cigarro que era en realidad lo que más le preocupaba en ese momento, y añadió: mis compradores buscan algo diferente. ¿Diferente?, se interesó el viejillo. Sí, diferente, algo más, cómo le diría yo, más cibernético y desestructurado, algo más borroso. ¿Más borroso?, ah, comentó el abuelo acercándose a la mujer, permítame, le dijo mientras cogía la colilla que la mujer mantenía incómoda entre sus dedos índice y pulgar a la vez que le daba un empellón en la espalda hacia el cuadro que tenía delante. La mujer dio un traspié y cayó sobre el cuadro, mejor dicho, entró en el cuadro, se coló literalmente dentro de él. Con cara de espanto la señora hacía aspavientos y gritaba, pero fuera del cuadro no se oía nada, tan sólo se veía una figura que se iba perdiendo en la espesura. El viejo sonreía como un ratón mientras aquellos animales mitad mitológicos mitad reales iban rodeando acechadores a la mujer. Lo siento, señora, no es nada personal pero tengo que alimentar a mis cuadros.

De mi libro “Microbios” (2004): DESCARGAR GRATIS AQUÍ

no es nada personal