El actor

Disfrazaba el cuerpo para desnudar su alma, sumaba personajes que eclipsaran al gran bocazas, ese pequeño yo de sombra desmesurada al que no aguantaba. Había sido bailarina que danzaba en el aire sin alas; había sido ermitaño en cueva callada; niño andino de piedra; nómada de un desierto cualquiera; viejo de mirada traviesa; había sido un granuja, un payaso, un idiota, mujer recién fecundada, diosa, guerrera y una puta morbosa; había sido suicida, canalla, un alma candorosa y una mala persona; había sido un vagabundo loco, un chatarrero y uno de la bofia; había sido millonario, guaperas y un señor de derechas como Dios manda; eso fue después de ser un rasta fumador empedernido de marihuana; también había sido fantasma y un bala perdida y una marioneta, comodín de la baraja y tantas otras cosas. Y así pensaba continuar hasta lograr olvidarse de quién era.

Disparador de escritura

Como esta semana la entrada sobre escritura creativa va de listas, ahí va una más al hilo de este microrrelato de “El actor”: Haz una lista con todos los personajes que llevas ahí dentro y que has sido o te hubiera gustado ser y después vete escribiendo sobre ellos. También puedes hacer una lista con esos personajes que odias o detestas, que también andarán cerca, y haz lo mismo escribe sobre ellos. Tanto lo que amas como lo que detestas dispara una energía potente que el escritor debe saber utilizar.

Microrrelato El actor

Escritura creativa 3 (Ante el papel en blanco)

Sugerencias

Cuando ante el papel en blanco, te preguntes: ¿sobre qué demonios escribo?, estate seguro que no se agotó aún tu arsenal de ideas. Lo más probable es que estés cansado, falto de ánimo o, tal vez, que las grandes pretensiones que te haces con la escritura te inducen a considerar insignificante todo lo que se te ocurre.
A cansancio, descanso. A falta de ánimo, disciplina. Y a grandes pretensiones, humildad.
El placer de escribir y de inventar no debe enturbiarse con consideraciones de calidad o perfección formal. Este es un asunto que viene después, al corregir y pulir lo escrito, nunca en el momento de ponerse a escribir.
Uno de los problemas más comunes del escritor que empieza es el bloqueo ante el papel en blanco. Si no eres capaz de examinar las causas de tu estancamiento y de ponerle solución –humildad, disciplina, relajación–, vivirás con ansiedad lo que tiene que ser un placer.

Disparadores de escritura

Hoy nos vamos a centrar en las listas.
Las listas son una buena fórmula de acumular disparadores para utilizarlos en nuestra práctica de escritura o en esos momentos de bloqueo en los que parece que no se nos ocurre nada.
Es más, yo diría que en esas listas se van colando inadvertidamente y de una manera condensada muchos asuntos que inconscientemente nos rondan la cabeza, el corazón o las entrañas, que con todo eso y más se escribe, para aflorar en su momento, arrastrando tras de sí la historia que no sabíamos que queríamos contar.

  1. AmoOdio… Haz una lista de tus amores y de tus odios, pero rehúye los grandes temas. No escribas: “Amo la libertad, a mis hijos, la paz…” u “odio la guerra, la injusticia, la corrupción…”. Eso no te llevará a ningún lado. A los grandes temas es difícil hincarles el diente. Es más fácil hablar de la libertad escribiendo sobre una tarde de verano en el río durante tu infancia, así que tira de amores y odios más personales, más cotidianos, más, por decirlo así, insignificantes: “Amo a los perros abandonados, los hierros herrumbrosos, esos pantalones cómodos y vacilones que me compré el verano pasado…” “Odio las gomas apretadas de los calzoncillos, el ruido de esa moto perdorrera en la madrugada, el sonido del móvil en el cine, la laboriosidad de las hormigas y su gregarismo…”
  2. Haz una lista con: “Quiero escribir sobre…” y vete apuntando lo que te venga en ese momento: una frase, un detalle, una ocurrencia, una imagen concreta, un olor, un sonido, un sabor, un personaje…Y ahora haz otra lista con: “No quiero escribir sobre…”. Ahora oblígate a escribir de ambas listas.
  3. Haz listas con palabras que te gusten especialmente, que te resulten evocadoras.
  4. Utiliza la lista de la compra que hayas hecho y escribe un poema de amor o una historia de miedo o simplemente un texto surrealista a partir de ella. Juega. No se te olvide jugar.
  5. Haz una lista con esos chispazos y ocurrencias que te llegan mientras paseas en silencio, justo antes de quedarte dormido, mientras friegas los platos de la comida o planchas, mientras estás meando. La musa, como los gatos, siempre se presenta cuando menos la esperamos.
  6. Puedes hacer listas con tus miedos, con tus obsesiones, con tus fantasías…, para utilizarlas cuando no se te ocurre de qué escribir.

Oficio de escribir

“Escribir es un acto de amor, si no lo es, no es más que escritura”. Jean Cocteau

“Durante esos años (se refiere a su adolescencia) empecé a hacer listas de títulos, a escribir largas líneas de sustantivos. Eran provocaciones, en definitiva, que hicieron aflorar mi mejor material. Yo avanzaba a tientas hacia algo sincero escondido bajo el escotillón de mi cráneo (…). Bien, si algunos de ustedes es escritor, o espera serlo, listas similares, sacadas de las barrancas del cerebro, lo ayudarán a descubrirse a sí mismo, del mismo modo que yo anduve dando bandazos hasta que al fin me encontré”. Ray Bradbury

Escritura creativa 3

Juego y escritura 2

Continúo con la serie “Juego y escritura”. Hoy nos acompaña Michael Ende (1929–1925), alemán universal y autor, entre otras muchas obras, de “La historia interminable” y “Momo“, que habréis leído. Catalogado por lo catalogadores como escritor de literatura juvenil, etiqueta que a Michael Ende le hacía reír, nos ha dejado estas palabras en su libro “Carpeta de apuntes“, de la editorial Alfaguara, un libro imprescindible del que hablaré más extensamente en una próxima entrada:

“Parafraseando a Nietzsche diré: ‘En cada persona hay escondido un niño que quiere jugar’. Lo confieso, pues, sin avergonzarme: el impulso verdadero, real, que me mueve mientras escribo es el placer del juego, libre y espontáneo, de la imaginación. Para mí, el trabajar en un libro es cada vez un nuevo viaje cuya meta no conozco, una aventura que me enfrente con dificultades que yo no conocía antes, una aventura que hace surgir en mí vivencias, pensamientos, ocurrencias de las que yo nada sabía y al final de la cual me he convertido en otro distinto del que era al principio. Tal juego sólo se puede llevar a cabo sin un plan preconcebido, pues quien quiera saber o planificar por anticipado adónde le llevará tal aventura está impidiendo de esa manera que suceda tal cosa”.

Michael Ende a la edad de diez años

Michael Ende a la edad de diez años.

El niño que fui sigue viviendo en mí, no hay un abismo –el paso a la edad adulta– que me separe de él, en el fondo me siento como el mismo que era entonces (…). Y me acojo aquí a las palabras de un gran poeta francés: cuando hemos dejado definitivamente de ser niños, ya hemos muerto. Yo creo que en toda persona que todavía no se ha vuelto completamente banal, completamente a-creativa, sigue vivo ese niño. Creo que los grandes filósofos y pensadores no han hecho otra cosa que replantearse las viejísimas preguntas de los niños: ¿de dónde vengo?, ¿por qué estoy en el mundo?, ¿a dónde voy?, ¿cuál es el sentido de la vida? Creo que las obras de los grandes escritores, artistas y músicos tienen su origen en el juego del eterno y divino niño que hay en ellos; ese niño que, prescindiendo totalmente de la edad exterior, vive en nosotros, ya tengamos nueve o noventa años; ese niño en nosotros, tan vulnerable y desamparado, que sufre y que busca consuelo y esperanza; ese niño en nosotros que constituye, hasta nuestro último día de vida, nuestro futuro”.
Ya sabes, lánzate a la aventura de escribir, acompañado de ese niño que llevas dentro, sé fiel a sus amores, a sus odios, a sus miedos y obsesiones, verás cómo no te falla. Recuerda, la verdadera escritura siempre es una exploración de la existencia, un viaje hacia dentro y hacia el hermoso y extraño mundo que nos rodea.

Michael Ende con una tortuga

El autor con uno de sus animales preferidos: la tortuga.