Forajido

Mi hogar en la frontera, desierto azotado por inhóspitos vientos y habitado por tiernas alimañas y raros aguaceros que todo lo embarran. La puerta de mi casa no tiene cerradura y solo crecen los cactus en esta tierra dura. En mi hogar, a veces, paran mujeres extraviadas que montan caballos fantasmas. También lo frecuentan bandoleros parcos en palabras y de gestos contenidos, que hacen negocios ilegales, pero limpios. En mi hogar la única música la pone el silencio cuando para el viento. Al fin, tengo dónde caerme muerto, mientras tanto cultivo el olvido, nada espero y solo aspiro a despertar de este sueño que algunos llaman realidad. Mi hogar es incivilizado, indómito, primitivo, pero ando tranquilo, que ya se encarga el destino de protegerme de mí mismo.

Disparador de escritura

Como esta semana la entrada sobre escritura creativa va de escribir a partir de la propia experiencia, y al hilo de este microrrelato, “Forajido”: escribe un borrador a partir de la palabra “hogar”, no te limites a la casa donde vives, puede que tu hogar esté en otro espacio, en otro tiempo, en otra piel o en otro espíritu que te late dentro. Es a eso a lo que me refiero cuando digo que escribas a partir de tu propia experiencia, de tu vida, pero sin ceñirte exclusivamente a lo autobiográfico.

Microrrelato Forajido

Escritura creativa 4 (Escribe a partir de tu experiencia)

Sugerencias

Escribe a partir de tu propia experiencia, escribe desde tu propia vida. Eso no significa que nuestros escritos deban ser exclusivamente autobiográficos, ni mucho menos psicologistas o “terapéuticos”, más allá de que todo arte sana, nos religa y reunifica.
Somos mucho más que el personaje, o los personajes, que la familia y la sociedad, o nosotros mismos, nos han impuesto como nuestra identidad. Cuando te sientes a escribir, cuelga del perchero a todos esos personajillos y desnuda tu alma, sé fiel a sus amores, a sus odios, a sus miedos, a sus pasiones, a sus sueños. Parte de la verdad, pero utiliza la mentira, la invención, recuerda lo que decía Antonio Machado de que “la verdad también se inventa”.
Y otra cosa importante: se necesita tiempo para que la experiencia cale en nosotros. Es como un proceso de fermentación: lento e inexorable. Si se entiende esto, evita uno la ansiedad y aprende la paciencia. “El genio –decía Buffon–, no es más que una gran aptitud para la paciencia”.
Por lo tanto, no tengas miedo a escribir chorradas y porquerías cuando estés escribiendo tus borradores. Es la forma de despojarse de máscaras y corazas, de centrar lo que queremos decir y afinar nuestra voz.
A veces, casi siempre, cuesta centrar lo que queremos decir, así que date tiempo, no te rindas y confía en tu capacidad de cambio y evolución. Seguramente, esa historia que persigues y llevas tiempo queriendo contar, cuajará cuando menos te lo esperas, pero te ha de pillar en el camino y en la faena.
Ah, y olvídate del éxito y el fracaso. Muchos de los grandes murieron sin que su obra hubiera sido reconocida y hoy son clásicos; y a muchos de los que triunfaron en su momento, hoy no los recuerda ni Dios.
Cada individuo es único y diferente. Con cada palabra que vaya brotando de tu mente, de tu cuerpo, de tu espíritu, configurarás tu estilo. El estilo no es más que la propia voz, única e irrepetible. Y mejor cuanto más espontánea y natural. Huye del artificio. No pretendas hacer “literatura”.
Para terminar: a la hora de escribir, mantente relajado, abierto, curioso, amable y risueño. No podemos perseguir la belleza si el miedo nos atenaza.
Escribe, pues, a partir de tu propia experiencia; es decir, cultiva tu propia mirada y utiliza tu propia voz. No hay más, pero tampoco menos. Parece fácil, pero no lo es tanto. Y recuerda: en lo que ocurre y me ocurre está lo que luego se me ocurre.

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Juego y escritura 3

Hoy en “Juego y escritura 3” os traigo un texto de Ray Bradbury, de su libro “Zen en el arte de escribir” que ya comenté en la última entrada de Zona libros.
“Yo estaba enamorado –nos cuenta Ray Bradbury–, por entonces (se refiere a cuando era niño), de los monstruos y los esqueletos y los circos y las ferias y los dinosaurios y, por último, de Marte, el Planeta Rojo. Con esos primitivos ladrillos he construido una vida y una carrera. Todo lo bueno de mi existencia me ha venido de mi amor duradero por esas cosas sorprendentes (…). Hacia los catorce o quince años, mucha gente ya ha sido apartada de sus amores, de sus gustos antiguos e intuitivos, uno a uno, hasta que al llegar a la madurez no les queda nada de alegría, de garra, de entusiasmo, de sabor. Las críticas ajenas, y las propias, los han puesto incómodos. Cuando a las cinco de una oscura y fría mañana de verano llega el circo, y suena el organillo, en vez de levantarse y salir corriendo se remueven en sueños, y la vida pasa de largo. Yo sí que me levantaba y salía. A los nueve años aprendí que hacía bien y todo el mundo se equivocaba (…). Ese muchacho (que fui y soy) me ha escrito los cuentos y los libros (…). Él es la piel a través de la cual, por ósmosis, todos los materiales pasan a verterse en el papel. Yo he confiado en sus pasiones, sus miedos y sus alegrías. Como consecuencia, él rara vez me ha fallado. Cuando tengo en el alma un largo noviembre húmedo, y pienso demasiado y percibo demasiado poco, sé que es buena hora de volver a aquel muchacho de las zapatillas de tenis, las altas fiebres, las alegrías multitudinarias y las pesadillas terribles. No sé bien dónde acaba él y empiezo yo. Pero estoy orgulloso del tandem”.

 

Ray Bradbury en su estudio

Bradbury en su estudio, taller o habitación de juegos.

Poco que añadir a las palabras del maestro. Conciso y claro. Por lo que más queráis, nunca olvidéis a ese niño que fuisteis y sois, abordad la escritura como un juego creativo y entregaos a la tarea en cuerpo y alma, como hacíais cuando jugabais de pequeños, con esa concentración, presencia y amor que poníais cuando estabais haciendo lo que más os gustaba. Ese es el auténtico hic et nunc, “aquí y ahora” de los sabios, lo que ocurre es que ellos lo practican de continuo, hagan lo que hagan, como Perro que cuando tiene hambre, come; y cuando tiene sueño, duerme.

Ray Bradbury a los 3 años

Ray Bradbury, en 1923, a la edad de tres años.