Memondo

Me llamo Memondo,
soy tonto del bote
y como sombrero
llevo un capirote.
Yo vivo del cuento,
como sopa boba,
duermo como un tronco,
soy una marmota.
Tengo en el cerebro
agujeros negros,
ahora ya no pienso
y ando más ligero.
No estoy contratado
ni tampoco en paro,
a mí no me para
ni dios ni el diablo.
Los lunes al sol,
mejor que en el tajo,
no me contéis cuentos
de vuestros trabajos.
No tengo un móvil
ni un cuatro por cuatro
ni un salario fijo
ni cuenta en el banco.
Paso de horarios,
yo voy a lo mío,
hago lo que quiero,
no pido permiso.
Vivo muy contento,
me río de mí mismo,
la vida es juego,
siempre seré un niño.
Mira que no corro,
ya no tengo prisa,
lo contemplo todo
desde otra brisa.
Y como mascota
tengo una hiena,
estoy aprendiendo
a reír como ella.
Hablan de la crisis
en el Mercadona
con los carros llenos,
me parto la polla.
Yo cometo errores,
como todo el mundo,
pero no te culpo
de mis desaciertos.
Aunque me la peguen,
yo siempre confío,
si viene torcido,
lo toreo y sonrío.
He perdido el miedo,
ya nada espero,
no tengo deseos
ni casi recuerdos.
No hay nada seguro,
todo es incierto,
por eso apuro
todos los momentos.
Ya no me preocupo,
tan sólo me ocupo
de lo que ahora mismo
me traigo entre manos.
Espíritu abierto
es lo que cultivo,
divago y converso
hasta con los muertos.
Tal vez sea un loco,
tal vez sea un necio,
vivimos un sueño,
pues que sea bello.
Yo sólo escribo
por amor al arte,
yo sólo escribo
para enamorarte.
Como la gaviota
sigo tu pesquero,
tú tiras a puerto,
yo voy mar adentro.
Me quito el disfraz,
me paseo en cueros,
llegan los civiles
y me llevan preso.
Soy un pobre diablo
y ahora ya me largo,
que hace un buen rato
que me quema el rabo.

Disparador de escritura: Anímate, coge papel y boli, y escribe un texto presentándote en tono de humor. Es gratis y muy saludable.

Poesía Memondo

El gozo de escribir, de Natalie Goldberg

Para comenzar con la serie de libros sobre escritura creativa, nada mejor que hacerlo con “El gozo de escribir”, de Natalie Goldberg, editado por La Liebre de Marzo.
Cuando, en 1993, MaríaLuisa y yo nos vinimos a vivir a Nerja, tenía clara una cosa, quería dedicar la mayor parte de mi tiempo a escribir, algo que venía haciendo desde siempre. Pero también quería compartir la escritura.
Por entonces, apenas se hablaba de escritura creativa y lo que abundaban eran los talleres literarios, centrados en la técnica y en los que se partía de la teoría para llegar a la práctica. Algo que nunca me ha convencido.
En la primavera de ese año, MaríaLuisa me regaló “El gozo de escribir”, recién salida del horno su primera edición. Ese mismo día lo leí o, mejor dicho, lo devoré. Después he vuelto a releerlo decenas de veces, convirtiéndose en mi libro de cabecera.
Ese mismo año, en verano, abrí en Nerja el taller de escritura creativa El duende en la palabra, y hasta ahora. Desde aquí mi inmenso agradecimiento a todas las personas que durante este tiempo han pasado por el taller por todo lo que hemos compartido, disfrutado y por todo lo que he aprendido de ellas.
“El gozo de escribir” es una gozada de libro, te pondrá las pilas y aprenderás mucho, o desaprenderás, que es otra forma de aprender. Sobre todo conectará tu vida con la escritura y te hará disfrutar de ambas. Despertará tu espíritu aventurero y te empujará a la exploración de la existencia.

El gozo de escribir de Natalie Goldberg

Capeando el temporal

Estaba a punto de zozobrar y solo pudo asirse a su boli y escribió: “chinchetas y pies descalzos, persianas entornadas a la hora de la siesta, nubes cargadas de carcajadas, calle asfaltada de un mediodía de metal, angosta escalera de caracol”, y a punto estaba de escribir domador, pero el boli soltó un borrón, y siguió escribiendo “peladura de naranja, armónica arrastrada, disfraz, chapa aplastada, cristal roto, periódico enlodado, desconchado en la mirada, magulladura en el alma, rasguño olvidado, farola fundida, niños que vuelan, noches achacosas, voces que reposan, tierna desolación, tardes enredaderas, tejados de nieve, gatos con sombreros, señoras superfluas, turbulenta despensa, sartén esquizofrénica, una sardina a la hora de la siesta, un político con la bragueta abierta, ninguno, uno, voz insumergible, mar de preguntas, ascensor tuberculoso, mulo cargado de humo, zumo del suburbio, catalizador disturbio, asunto turbio, una escoba, una escopeta, quieres cuerda, toma reloj de pulsera, engañosa cadena, reseña de una guerra cualquiera, la seta, un peta, la zeta más cierta, el aire que sale y que entra, nervioso armamento, sinsentido con sonido, volando voy, volando vengo, volado estoy, melocotón de amor, un lío el número dos, le doy un tiento al jamón, me regalo un trago de ron, depende de mí mismo y del ratón que se zampó el queso, palabras, palabras que me tocan con su varita mágica, caca de chucho, cristal arrugado, te achucho, ahí va”. Y los vientos no se calmaron, pero escribiendo le había desaparecido ese miedo que le hacía zozobrar.

Disparador de escritura: Venga, anímate y déjate llevar a la deriva por las palabras que te vayan llegando justo en este momento.

Microrrelato capeando el temporal