Propósito

Atravesar el fuego
y no quemarme,
atravesar el agua
y no mojarme,
atravesar los días
sin mirar la hora,
atravesar los besos
sin quedarme en ellos,
atravesar el miedo
muerto de risa,
atravesar el círculo
hasta las afueras,
atravesar la noche
y seguir luciendo,
atravesar la calle
con el baile puesto,
atravesar la duda
sin certeza alguna,
atravesar la música
sin dar la nota,
atravesar la vida
a ras de hormiga,
atravesar el espejo
como un reflejo,
atravesar la muerte
y salir ileso,
atravesar el folio
y empezar de nuevo.

Poesía Propósito

Si quieres escribir, de Brenda Ueland

Brenda Ueland, autora del libro Si quieres escribir, de Ediciones Obelisco, fue una de las mujeres pioneras en esto de la escritura creativa. La primera edición de su libro se publicó en 1938.
Nació en Minneapolis en 1891, vivió durante años en Nueva York, donde formó parte del grupo bohemio del Greenwich Village, que incluía a Jonh Reed, Louise Bryant y Eugène O’Neill. Se ganó la vida como escritora, editora y enseñando a escribir en sus talleres de escritura.
Mujer de una gran vitalidad, estableció un récord internacional de natación (para mayores de 80 años) y murió, a la edad de 93 años, en 1985. Decía tener dos reglas básicas en su vida: decir la verdad y no hacer nada que no quisiera hacer.
Y justamente ese espíritu indómito, alegre e independiente es el que se respira en su libro “Si quieres escribir”. “Todo el mundo posee talento, puede ser original y tiene algo importante que contar”, comienza diciendo en su libro.
Una obra imprescindible sobre el alma de la escritura y la esencia del proceso creativo.
“Desde que empecé a escribir –empieza diciendo Brenda en su libro–, hace ya mucho tiempo, he logrado aprender no solo de mi propia tarea como escritora, sino también de los talleres de escritura que coordiné durante tres años. A mis clases asistía todo tipo de personas: ricos, pobres, amas de casa, mecanógrafas, gente culta y gente sencilla, como empleadas de hogar que no habían recibido estudios medios. Conocí a gente tímida y a gente más lanzada; algunos eran tranquilos, lentos, y otros, ansiosos y rápidos (…). Pero esto es lo que aprendí básicamente de esta experiencia: cada ser humano tiene algo importante que expresar, posee en sí mismo algo original que decir y está dotado de talento (…). El poder y la imaginación creativos se encuentran en cada uno de vosotros y en la necesidad de compartirlos con los demás”.
En efecto, todos nacemos con la facultad imaginativa, creativa, pero como cualquier facultad, si no se cultiva, termina por atrofiarse. Tampoco ayuda nada esa actitud criticona y despectiva que tan a menudo nos encontramos alrededor. “Habréis notado –escribe Brenda Uelan– cómo en alguna ocasión educadores, críticos, padres y todos aquellos que os rodean, cuando escuchan lo que habéis escrito, se vuelven remilgados y fruncen el ceño con desdén (…). No les detesto por sus efectos sobre mí, pues por lo menos yo no les dejé que entraran e influyeran en mi espacio; los desprecio por toda la influencia que potencialmente pueden ejercer sobre personas de cualquier edad. Son asesinos de talentos”.
“Si quieres escribir”, de Brenda Uelan, no es un libro sobre técnicas literarias ni trucos para escribir un best seller y hacerte famoso y rico; es un libro sobre el sentido profundo del trabajo creativo con la escritura, sobre el alma de esa vocación que a algunos locos nos lleva a rellenar páginas y páginas para no volvernos cuerdos y tristes y aburridos.

Si quieres escribir de Brenda Ueland

Amor eterno

Cuando ella lo lanzó al abismo, pues como que se hizo mierda, porque si tiras a alguien al abismo, lo normal es que se haga papilla. Y no es que ella fuera mala, simplemente le había dado un pronto y lo había lanzado al abismo, aunque acto seguido, todo hay que decirlo, ya estaba arrepentida. Pero ya era tarde, con el novio ahí abajo, espachurrado, hecho un guiñapo, sangrando por todos los agujeros de su cuerpo y alguno más que se había hecho con tan tremenda caída. Lo que no se esperaba la defenestradora era que su novio, así como estaba, todo descuajeringado y con media cara nada más, porque la otra media era una masa amorfa y sanguinolenta, producto de su percusión con el suelo del abismo, se iba a levantar con esa sonrisilla que a ella tanto le sacaba de quicio y le iba a decir, pues no me ha dolido nada, guapa, para que te enteres, y a continuación se había tocado los huevos o, mejor dicho, el huevo que le quedaba, porque el otro había explotado por la brutalidad del impacto, no con la intención de dedicarle un gesto obsceno a su novia, sino simplemente para colocárselo, pero a ella, aquello le había vuelto a poner frenética, porque vale que no había querido lanzarlo al abismo, que había sido un arranque, pero que él le sonriera y se tocara el huevo que le quedaba, le cabreó mucho y se lanzó al abismo de cabeza y en picado para rematarlo. Su novio, viendo lo que se le venía encima, hizo todo lo posible para recogerla en sus brazos y que no se hiciera daño, pero no atinó porque andaba algo aturdido con el batacazo y ella se dio una hostia que no te quiero ni contar, y él se acercó a rastras hasta ella que sangraba por todos los agujeros de su cuerpo y alguno más que se había hecho con semejante trompazo y él le hizo el boca a boca, aunque a ella de boca le quedaba más bien poca, un par de dientes y medio labio colgando, pero aquel gesto de amor de su novio la enterneció y se reconciliaron y se juraron amor eterno, aunque duró muy poco, porque al instante siguiente ya estaban muertos.

Microrrelato Amor eterno