París – Dakar

Es increíble, pensó Jaume Pont, el equipo de rescate debería estar ya aquí. Sentado en la arena propinó una patada a su moto semienterrada, como si ella fuera la culpable de que él hubiera extraviado los mapas y se hubiese perdido en mitad del desierto. Habían transcurrido cuarenta y ocho horas, quizá setenta y dos, pensó, desde que se había quedado sin gasolina. No le quedaba comida y hacía tiempo que había tirado lejos la cantimplora vacía para no pensar en el agua, cuando por encima de una duna vio moverse algo. Al principio era un pequeño punto, poco a poco la figura de un hombre montado sobre un camello se hizo más clara. El tuareg llegó hasta donde se encontraba Jaume, éste le miró a los ojos, pero los ojos del hombre del desierto no expresaron nada. Miró luego al animal y creyó captar en él una sonrisa burlona. Intentó decir algo pero tenía la boca demasiado reseca y no podía despegar los labios. Quiso ponerse en pie cuando observó que el tuareg, montado sobre su camello, se dirigía hacia él, pero las fuerzas le fallaron. Un paso más y el animal le aplastaría. Contuvo la respiración y supo que estaba muerto cuando hombre y animal le atravesaron como un sueño. Hacía mucho tiempo que los vehículos movidos por petróleo habían dejado de funcionar y los camellos seguían atravesando los desiertos sonriendo a los fantasmas.

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París - Dakar

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