Como te lo cuento y 5 (Un cuento sobre el cuento)

El naranja es el color del delirio veraniego y del sexo divino, lo leí en un cuento y lo hice mío.

Desde mi ventana veo una montaña que hace mucho fue un fondo marino. Hasta las piedras cuentan cuentos, si uno tiene el oído fino.

Me resulta fácil escribir un cuento, porque no estoy pensando ni en la fama ni en los aplausos ni en el dinero, aunque bienvenido sea este si llega.

Todo se acaba menos los cuentos, como la vida, con final abierto.

Muerdo el hielo de la página en blanco y siempre aparece algún hilo del que tirar para escribir, aunque sea un microcuento sobre un pingüino que se está muriendo de sed en un desierto.

Creo en la belleza de las veintisiete letras con las que se escriben todas las historias que los cuentos cuentan en nuestra lengua.

No poder aparcar un cuento es buena señal, pues significa que contiene algo que quiero desentrañar.

Cuando estoy nervioso escribo un cuento con un cadáver de por medio y me quedo como si me hubiera fumado el Rif entero.

Mi suegro lee todos mis cuentos y siempre concluye que soy un tocapelotas y un follonero.

Mi estado físico es sólido si no escribo un cuento, líquido cuando lo estoy escribiendo y gaseoso cuando pongo el punto y final y lo cierro.

No soy cariñoso, pero con mis personajes siempre soy compasivo y tierno.

Nunca he pagado por follar, pero sí pago por leer un cuento.

Como un perro, muerdo el nudo de un cuento y hasta que no se deshace en un buen desenlace, no lo suelto.

como te lo cuento cinco

Lo difícil es renunciar a escribir el cuento perfecto, pero contra el perfeccionismo, el mejor antídoto es tomarse la escritura como un juego.

Pienso que mi vida es una antología de cuentos que abarca todos los géneros.

Escribir es contar de diferentes maneras el mismo cuento.

Hace tiempo fui al Ayuntamiento de mi pueblo para recoger un certificado de empadronamiento y me pasé siete años de despacho en despacho para que me estamparan un sello y me echaran un firmazo. Como te lo cuento.

Mi último viaje fue en un barco fantasma lleno de piratas muertos y navegamos más allá de las fronteras del Universo. Aquello parecía el cuento de nunca acabar.

Hoy me siento triste porque se me ha perdido un cuento, no lo atrapé en su momento por vagancia y luego, por más que lo he buscado, no lo he podido encontrar.

Todo lo que acabo de contar es un puro cuento.

Creo que al final va a tener razón mi abuela que siempre me decía: niño, tú lo que tienes es mucho cuento.

Continuará…

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Como te lo cuento 4

Como te lo cuento 4 (Un cuento sobre el cuento)

Duermo solo aunque duerma con alguien a mi lado y en sueños compartamos el mismo cuento.

El pasado es el cuento que cada uno se cuenta reinventándolo a cada momento.

He cambiado de opinión un millón de veces, solo por llevarme la contraria y contarme otro cuento.

Soy capaz de amar a cualquiera, aunque no venga a cuento, si tiene la imaginación despierta.

Siempre me ha encantado ese proverbio yiddish que dice: “Dios hizo al hombre porque le encantan los cuentos”.

Un día intenté perderme en un cuento, pero los personajes a los que todavía no les he dado un cuento me lo impidieron, no querían quedarse en el limbo para los restos.

Suelo dormir con el ojo de la mente abierto porque en los territorios oníricos se pueden cazar muchos cuentos.

como te lo cuento cuatro

Pierdo a los amigos en los rápidos de un cuento y, a veces, en los meandros de otro, los reencuentro.

La poesía es el mejor cuento sobre el Misterio que nunca resolveremos.

Quiero que te quedes con el cuento.

Mi mujer es el narrador omnisciente de mi propio cuento, y se lo agradezco, porque yo no tengo perspectiva para narrarme a mí mismo.

Disimulo cuando se me acerca un personaje que me gusta y luego lo sigo a hurtadillas para robarle su cuento.

Veo en la tele de un amigo un telediario, ¡qué cuento más macabro y más mal contado!

Yo nunca dije colorín colorado, pero estaba claro que aquel cuento de la Revolución también se había acabado.

Siento placer cuando en un cuento me encuentro con esos personajes que no son buenos o malos sino todo lo contrario.

Me gusta el sol y la playa y contarme cuentos sobre los que están tumbados a mi lado en las toallas.

La vida parece absurda, pero luego, según avanza el cuento, me voy dando cuenta que todo tiene su fundamento.

Siempre he preferido un buen cuento de esos que no sabes por dónde cogerlos, que un discurso, un sermón o un panfleto en forma de cuento.

Creo en la fragancia que deja todo buen cuento en el alma. Amén.

Busco un cuento para esos personajes extravagantes con los que me cruzo en la vida y que no encajan en ninguna parte.

El arte no sirve para nada, dice un majadero, y lo meto en un cuento y el tío cipote descubre que tiene un espíritu libre dentro.

Camino con las manos metidas en los bolsillos, acompañado siempre por un montón de cuentos.

Continuará…

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Como te lo cuento 3 (Un cuento sobre el cuento)

Todos los días pienso: tienes que dejarlo. Y acto seguido me digo: a otro con ese cuento.

En la carretera de la vida es donde se van escribiendo los cuentos, y mira que hay carreteras, casi tantas como vidas.

Mi tema de estudio es: ¿Hay algo que no sea un cuento? Y creo, a fuer de ser sincero, que nunca desentrañaré ese misterio.

Me acuerdo de un cuento que me contaba mi papá de pequeño cuando por las noches me metía con él en la cama, trataba de un mono titiritero que era el más listo del mundo entero.

como te lo cuentoCreo que todos, familiares y amigos, esperaban más de mí, siento haberlos defraudado dedicándome a escribir cuentos, pero mejor defraudarlos a ellos que a mí.

Mi película favorita es un cuento muy tierno, León el Profesional. Un hombre que cuida así de su planta tiene que ser bueno, aunque se dedique a asesinar.

Leo en el periódico un montón de cuentos que no me creo: son inverosímiles y además están muy mal escritos.

Siempre estoy en medio de un cuento, es mi sino, y hace tiempo que me he rendido y lo acepto.

Puede parecer una cursilada, pero me gusta que haya animalillos en los cuentos, un perro vagabundo, una rata lectora, una cucaracha o un dinosaurio a los pies de una cama.

Cuando escribo un cuento, busco la manera de sorprenderme a cada rato, porque me aburro si me lo sé todo de antemano.

Sentado en una terraza, miro a la gente que pasa y me pongo frenético, ¡la de cuentos que me estoy perdiendo! Sí, lo sé, soy un adicto, un maniaco compulsivo.

Dudo de todo menos de que escribir cuentos me ha salvado la vida, aunque haya terminado como un cencerro.

Lo que me hace realmente feliz es incitar a otros a contar cuentos, soy una oreja perfecta, y mejor con un vino en la copa y alrededor de un buena hoguera.

Solo te quería preguntar, ya puestos, y dado que has tenido la paciencia tibetana de llegar hasta aquí: ¿a ti te gustan los cuentos?

Creo que mi hija, si la hubiera tenido, me habría salido científica y yo habría disfrutado con sus cuentos.

“Se acabó el cuento. O no”. Podría ser mi epitafio.

Todo permanece estancado hasta que llega un cuento y lo revuelve todo por fuera y sobre todo por dentro.

Hay en la vida dos tipos de cuentos: los que te entretienen y los que te tienen agarrado por el cuello y cuando te sueltan, no tienes resuello.

Nunca he votado porque los personajes de los cuentos formamos una comunidad donde reina el respeto y no necesitamos de esos cuentos.

Continuará…

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