La práctica del relato, de Ángel Zapata

De este libro, La práctica del relato, de Ángel Zapata, ya hice referencia en la primera entrada de la serie “Juego y escritura”. Editado por primera vez en 1997 por Ediciones Fuentetaja, es un libro que recomiendo a todo el que se quiera dedicar a la narrativa, ya sea al relato, la novela, el microcuento o la poesía, porque narración también hay en este género.
Escrito desde la experiencia que Ángel Zapata tiene como escritor, profesor de escritura creativa y gran lector, “La práctica del relato” aborda los obstáculos más habituales con los que nos encontramos cuando empezamos a escribir y nos proporciona toda una serie de orientaciones para superarlos.
El libro de Ángel Zapata pone a nuestra disposición toda una serie de herramientas para conseguir que nuestra voz narrativa atrape al lector. Para ello, a lo largo del libro y con numerosos ejemplo prácticos, tanto de grandes autores como de sus propios alumnos, Zapata nos irá desglosando las cualidades básicas de un texto de ficción: “naturalidad, visibilidad, continuidad y personalidad“.
Es cierto que en la escritura, cada autor hace su camino; es más, yo diría que cada libro que escribimos es una aventura nueva en la que de poco sirve lo que hayamos aprendido en el anterior. Sin embargo, la lectura detenida de “La práctica del relato” te ahorrará mucho tiempo, pues te alertará sobre esos errores que todos cometemos cuando empezamos a escribir.
El libro está escrito de una manera sencilla, fresca, ágil y llena de humor, “he tratado de esquivar a toda costa –nos dice Ángel Zapata en su prefacio– la terminología técnica y los mil vericuetos de la teoría literaria”.
Prologado por Medardo Fraile, uno de los grandes cuentistas españoles, os dejo con unas palabras suyas que pueden seros de gran utilidad:
“He escrito estas líneas después de varios folios sobre Muriel Spark, una escritora escocesa cuya peculiaridad escribiendo nunca aciertan a atrapar los críticos por muy fina que sea su red y por vueltas que le den al castillo de su magia. En una de sus novelas, A far cry from Kensington, recomienda ella una forma de narrar que, según me parece, no está lejos de lo que se enseña en el libro de Ángel Zapata, y que os traduzco por si fuera útil:
«Le escribes una carta a un amigo; un buen amigo íntimo y querido, que existe o, aún mejor, inventado, pero siempre el mismo. Escríbele a él solo, no pienses en el público; y hazlo sin temor ni timidez hasta que termines la carta, como si nunca fuera a publicarse, de forma que tu amigo la lea a solas y una y otra vez desee que le escribas más. No tienes que hablarle de vuestra amistad, que ya das por sabida; solo confiarle una experiencia que tú crees que le va a divertir. Lo que le cuentas te saldrá con más espontaneidad y franqueza si no piensas en numerosos lectores. Antes de empezar la carta, imagina bien lo que le vas a contar, una historia tuya, algo interesante. Pero no te pases de rosca pensándola; la historia irá desarrollándose según se escribe, especialmente si la piensas para hacer sonreír, o reír, o llorar, o cualquier otra cosa a ese amigo único, hombre o mujer, siempre que creas que le va a interesar. Y ten presente que no debes pensar en el público. Pensando en el público no te saldrá nada.»”
Así que ya sabes, “La práctica del relato“, de Ángel Zapata, para que practiques con placer el relato, la narración, ese maravilloso arte de contar ficciones y creérnoslas y hacérselas creer al lector a pie juntillas.

La práctica del relato, de Ángel Zapata

Juego y escritura 3

Hoy en “Juego y escritura 3” os traigo un texto de Ray Bradbury, de su libro “Zen en el arte de escribir” que ya comenté en la última entrada de Zona libros.
“Yo estaba enamorado –nos cuenta Ray Bradbury–, por entonces (se refiere a cuando era niño), de los monstruos y los esqueletos y los circos y las ferias y los dinosaurios y, por último, de Marte, el Planeta Rojo. Con esos primitivos ladrillos he construido una vida y una carrera. Todo lo bueno de mi existencia me ha venido de mi amor duradero por esas cosas sorprendentes (…). Hacia los catorce o quince años, mucha gente ya ha sido apartada de sus amores, de sus gustos antiguos e intuitivos, uno a uno, hasta que al llegar a la madurez no les queda nada de alegría, de garra, de entusiasmo, de sabor. Las críticas ajenas, y las propias, los han puesto incómodos. Cuando a las cinco de una oscura y fría mañana de verano llega el circo, y suena el organillo, en vez de levantarse y salir corriendo se remueven en sueños, y la vida pasa de largo. Yo sí que me levantaba y salía. A los nueve años aprendí que hacía bien y todo el mundo se equivocaba (…). Ese muchacho (que fui y soy) me ha escrito los cuentos y los libros (…). Él es la piel a través de la cual, por ósmosis, todos los materiales pasan a verterse en el papel. Yo he confiado en sus pasiones, sus miedos y sus alegrías. Como consecuencia, él rara vez me ha fallado. Cuando tengo en el alma un largo noviembre húmedo, y pienso demasiado y percibo demasiado poco, sé que es buena hora de volver a aquel muchacho de las zapatillas de tenis, las altas fiebres, las alegrías multitudinarias y las pesadillas terribles. No sé bien dónde acaba él y empiezo yo. Pero estoy orgulloso del tandem”.

 

Ray Bradbury en su estudio

Bradbury en su estudio, taller o habitación de juegos.

Poco que añadir a las palabras del maestro. Conciso y claro. Por lo que más queráis, nunca olvidéis a ese niño que fuisteis y sois, abordad la escritura como un juego creativo y entregaos a la tarea en cuerpo y alma, como hacíais cuando jugabais de pequeños, con esa concentración, presencia y amor que poníais cuando estabais haciendo lo que más os gustaba. Ese es el auténtico hic et nunc, “aquí y ahora” de los sabios, lo que ocurre es que ellos lo practican de continuo, hagan lo que hagan, como Perro que cuando tiene hambre, come; y cuando tiene sueño, duerme.

Ray Bradbury a los 3 años

Ray Bradbury, en 1923, a la edad de tres años.

Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury

Hoy os traigo un libro que amo: “Zen en el arte de escribir“, de Ray Bradbury, autor de “Crónicas marcianas”, “Fahrenheit 451” y otros muchos relatos, novelas y guiones para cine y teatro, fue editado hace años por Minotauro y en la actualidad está descatalogado, pero si rastreáis por la red, seguro que lo encontráis.

Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury El libro de Bradbury es un conjunto de once ensayos, escritos a lo largo de treinta años, sobre el placer de escribir. Aunque en el título aparezca la palabra “zen”, podéis estar tranquilos los ateos y agnósticos, porque no es un libro sobre espiritualidad; tampoco va de técnicas literarias, aunque os será más útil que todos esos manuales que proliferan por ahí y que reducen el acto de escribir a un asunto técnico y profesional.
“Zen en el arte de escribir” es un libro sobre el corazón de la escritura, sobre la pasión, el amor y la alegría con que se debe enfocar este acto creativo que es escribir. El autor nos habla de su experiencia, de su vida, de sus cuentos, de su trayectoria, de los errores y de los aciertos; pero sobre todo nos habla de la pasión, del arrebato, del entusiasmo y la garra, del amor que han puesto siempre los grandes escritores en su obra. Porque escribir es una celebración y no una pesada tarea.
A mí me agarró desde el primer párrafo, en el que cuenta cómo a los nueve años decidió no hacer ni caso a las críticas de sus compañeros de clase porque coleccionaba historietas de cómic y seguir a lo suyo: “Eran un montón de idiotas (…). A los nueve años aprendí que hacía bien y todo el mundo se equivocaba“. Y cómo desde entonces ha sido fiel a ese niño, a sus amores, a sus odios, a sus miedos y a sus pasiones y “con esos primitivos ladrillos he construido una vida y una carrera”.
Cuando te sientes a escribir, “no pienses“, nos dice Ray Bradbury. “En la rapidez está la verdad (…). Sé como una lagartija” Corre con tu papel y tu boli o con tu máquina de escribir detrás de tus personajes, agarra al vuelo ese verso como un rabo de nube y déjate llevar por los cielos de la imaginación. Disfruta. Ama la vida y déjate sorprender por ella. Utiliza los sentidos en la escritura y atraparás al lector. Haz listas de tus amores y tus odios y ponlos a trabajar para ti. Alimenta a tu musa con recuerdos y lecturas, paseos y contemplación. O aprende a cortar y pulir tu obra sin matarla.
Y sobre todo ponle: “Garra. Entusiasmo. Cuán raramente se oyen estas palabras –nos dice Ray Bradbury–. Qué poca gente vemos que viva o, para el caso, cree guiándose por ellas. Sin embargo, si me pidiesen que nombrara los elementos más importantes del carácter de un autor, aquello que da forma a su material y lo impele hacia donde quiere ir, solo podría advertirle que pusiera atención a su garra, que se fijara en su entusiasmo”.
Hablando de los grandes escritores y artistas, nos dice: “Son los hijos de los dioses. Sabían divertirse trabajando. No importaba si de vez en cuando crear era difícil, qué tragedias o enfermedades les afectaban la vida más íntima. Las cosas importantes son las que nos llegaron de sus manos y sus mentes, y están llenas a reventar de vigor animal y vitalidad intelectual. Nos transmitieron sus odios y desesperaciones con una especie de amor”.
Zen en el arte de escribir“, de Ray Bradbury, te tocará el corazón de escritor y te lo abrirá de par en par, para que jamás vuelvas a dudar de ti mismo.
Os dejo con algunas frases de Ray Bradbury, gentileza de Andrea.