Silencioso diálogo

Se miran, el viejo de barba blanca y el gatillo negro; por encima del plato de migas con jureles del que acaban de dar buena cuenta, se miran, con curiosidad felina el viejo, con ternura de abuelo el gato; se miran, con placidez ambos, una corriente invisible entre las arrugas del viejo y las orejas tiesas del gato; no hay palabras pero se escuchan y escuchan la vida amable cabalgando entre ellos en ese eterno abrazo del instante en que la madera crepita en la chimenea del cortijo bajo un aguacero de espanto.

silencioso diálogo

Que por mayo era por mayo

¡Escuchad la voz de los pájaros!, gritaban los gorriones por las aceras y en las plazas se fueron juntando pájaros de todos los agüeros. El Presidente no escuchaba nada porque había extraviado el audífono entre las piernas de su amante, esa arpía bañada en oro, que desde la sombra manejaba los hilos y, de paso, los designios, diseños y otras insignias de la patria. Pero los pájaros eran piantes, como les corresponde, y en la plaza se estaba seda y en las paredes escribían hasta las piedras. Tiempo después se sigue contando que la primavera empezó con una banda de pájaros locos a los que les dio por navegar en una tabla de surf por las procelosas aguas de una pesadilla a la que algunos llamaban realidad.

Emoticon El duende en la palabra 24