Escritura creativa 19 (No digas, muestra)

Sugerencias

 No digas, muestra”, dice el viejo refrán flaubertiano sobre el arte de escribir. Por ejemplo, no declares tu tristeza, muestra lo que te ha entristecido. No hay que decirle al lector lo que debe sentir, sino mostrarle la situación, eso le despertará el mismo sentimiento.

Escribir no es hacer psicología. El escritor no habla sobre pasiones, la rabia, el amor, la desidia. El escritor tiene emociones y mediante sus palabras las despierta en el lector. Por ejemplo, si estás describiendo un parto, lo importante son los hechos, los protagonistas. No hace falta hablar del misterio de la vida, eso se desprenderá de lo que estás contando.

Al escribir hay que mantener el contacto con nuestros sentidos y los primeros pensamientos, esas intuiciones con que la mente ilumina la experiencia, el estado de máxima comunión con lo que nos rodea.

En nuestro cuaderno podemos anotar frases como “quiero escribir sobre mi madre” o “quiero reflejar la vida de esta ciudad”. Como propósitos pueden ser muy buenos, pero lo que se espera del escritor es una historia, no una declaración de intenciones, una zambullida en los territorios de nuestras inquietudes que obliguen al lector a zambullirse a su vez.

A veces las afirmaciones generales hay que hacerlas, pero procura sostenerlas sobre una imagen concreta: el mirlo es más negro sobre la nieve de enero y su canto más limpio entre los olmos del parque de la niñez.

También podemos escribir de lo que no tenemos experiencia, pero para ello hemos de poner los cinco sentidos y llenar ese tema de vida, reviviéndolo: si tú no entras en él, los lectores tampoco se lo creerán.

Fíjate en los diálogos: están presentes en casi todos los géneros. En un diálogo, el escritor desaparece tras los personajes que hablan. El diálogo debe ser ágil, consecuente, dueño de la palabra y la psicología. Los buenos diálogos desarrollan la acción, no la repiten.

El uso del diálogo conlleva el don de escuchar y de interrogar.

no digas muestra

Disparadores de escritura

  1. No digas, muestra: Un hombre estresado, una abuela enamorada, un niño triste, una mujer que duda…
  2. Muestra: una pelea entre amigos, la muerte de una persona cercana, una fiesta, una discusión en la cola de un almacén…
  3. Ahora muestra: terror, indiferencia, complicidad, sospecha…, sin nombrar esas palabras.
  4. Escribe sobre un personaje cínico, valiente, irónico, perplejo…, sin nombrar ese atributo expresamente.
  5. Muestra diferentes atmosferas: penosa, incierta, agobiante, morbosa, inquietante, onírica…
  6. Haz una lista de las cosas sobre las que te gustaría escribir, ahora entra en la historia.
  7. Haz diez afirmaciones generales, ahora intenta sostener cada una en una imagen concreta.
  8. Un extraño aparece en tu círculo íntimo… ¿Quién es? ¿Qué ocurre?
  9. Cuenta algo que no hayas experimentado directamente, que te hayan contado, que hayas leído, que hayas imaginado…
  10. Un diálogo entre dos personajes, intercala sus monólogos interiores.

Oficio de escribir

 “No intentéis explicaros”. Ernest Hemingway

“Una obra que contiene teorías es como un objeto en el que se ha dejado la etiqueta del precio”. Marcel Proust

“Contemplad el mundo y uníos estrechamente a la vida”. E. Hemingway

Taller de escritura: 1303 ejercicios de creación literaria, de Felipe Montes

Hoy os traigo un libro ideal para la práctica de la escritura: “Taller de escritura: 1303 ejercicios de creación literaria“, de Felipe Montes, Editorial Berenice (2008).1303 ejercicios de creación literaria

Felipe Montes (Monterrey, 1961), autor de varias novelas y libros de poesía, es profesor de creación literaria. Desde 1988 ha fundado y coordinado más de cincuenta talleres de escritura.

Su libro es una interesante recopilación de ejercicios, útil tanto para escritores noveles como para monitores que deseen impartir talleres de escritura. En él se condensa una dilatada experiencia como escritor y coordinador de talleres.

La variedad de ejercicios convierten a este libro en una herramienta de gran valor, tanto para dirigir un taller de escritura creativa como para seguir individualmente cada una de las propuestas planteadas.

El material que este manual presenta incluye numerosos desencadenantes de escritura que, bajo un esquema sumamente flexible, ofrecen al lector un menú o, más bien dicho, una lista de ingredientes de los que puede disponer para inventar sus propias recetas literarias.

Con este libro podrás: Trabajar a solas con los ejercicios que se prefieran, ya sea como ejercicios o como fuente de inspiración. También puede utilizarse para escribir en grupo o si eres monitor de talleres, como material de trabajo.

No importa cómo se trabaje con estos ejercicios; lo verdaderamente importante es encontrar en ellos suficiente material para decidirse a llenar la vida de literatura”. Nos dice, Felipe Montes, en el prólogo de su libro.

Ahí os lo dejo, para cuando queráis escribir y no sepáis de qué. Un estupendo libro para ejercitarse. Recuerda, disfruta con el proceso mismo de la escritura y todo te será más fácil.

Escritura creativa 18 (Juega con el absurdo)

Sugerencias

 Juega con el absurdo. El absurdo no es inocente. Suele ser una eficaz manera de desnudar de mentiras eso que llamamos realidad. En los esperpentos de Valle Inclán, por ejemplo, lo trágico es cómico y al contrario, en la comicidad de muchas situaciones reside lo más profundo e inalcanzable de la tragedia humana: nuestra sociedad española se reconoce en el esperpento al primer golpe de vista. El teatro del absurdo es otro ejemplo de la fertilidad de las situaciones más disparatadas. El Quijote, la picaresca…, la literatura española está cargada de elementos absurdos, crueles y tiernos, blasfemos y místicos, cómicos y siniestros, fúnebres y placenteros.

Un método para introducir tu voz en el absurdo: escribe frases incisivas, provocadoras y disparatadas, absurdas, del tipo de “se lanzó de la cama y consiguió llegar a nado hasta la puerta de la habitación”, “la hija del árbol se asoma por un agujero de la tierra”, “los escarabajos se habían colado en el instituto”. Pasado un rato, relee esas diez o doce frases y quédate con la que más te guste, y a partir de ella construye una historia. Una vez encontrado un buen comienzo, normalmente el resto de la pieza funciona.

Un buen comienzo es esencial, es la llave del texto futuro. Y, por supuesto, un buen final también lo es.

Escribe bajo apremios muy arbitrarios, no seas monotemático. Siempre hay un tren enamorado del pueblo y que se demora en su estación o una amapola que se viste en Zara humildemente. Fija la primera frase del texto, parte de una palabra clave, o de un título, y prosigue persiguiendo lo imposible.

Disparadores de escritura

  1. Escribe diez frases incisivas, provocativas, absurdas, déjalas reposar. Vuelve más tarde sobre ellas y escribe historias cortas a partir de ellas. Déjate ir, zambúllete en el absurdo.
  2. Repara en los comienzos: parte de la primera frase de un texto, de una palabra clave, de un título, empieza por el final.
  3. Cuenta una mentira descabellada con total aplomo, no te cortes.
  4. Construye diez frases con la misma palabra concreta y mira a ver a dónde te lleva.
  5. Juega a equivocar las coas, juega con la exageración, juega con la sorpresa, juega con lo que se sale de la norma, juega con lo ilógico, con el sinsentido.
  6. Prueba diferentes inicios: testimonial, epistolar, dialogado, descriptivo, informativo, autobiográfico, histórico, en plena acción.
  7. Títulos absurdos del tipo “Un ordenador tímido”, “El móvil poeta”, “Una escobilla de váter enamorada”, es decir, un objeto normal y un atributo absurdo.

Oficio de escribir

“El comienzo es ya la mitad del todo”. Aristóteles

“En mi comienzo está mi final. En mi final está mi principio”. T. S. Eliot

“Cuando escribas vete directo y al grano, y déjate de tonterías”. Juan Madrid

“En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas”. Horacio Quiroga

“Cuando se aprende a escribir sin titubeos ya no se tiene nada que decir, nada que valga la pena”. Augusto Monterroso