Transmigración, de Oliverio Girondo

Poema de Oliverio Girondo
Poema de Oliverio Girondo.
Para empezar la sección de “Totum revolutum” os traigo un texto de Oliverio Girondo, poeta argentino y universal, un tipo iconoclasta e inclasificable, que supo mezclar como nadie el amor y el humor en sus poemas.

Y de paso, vamos calentando motores para la próxima entrada en la que ya iré directo al grano de la escritura creativa.
Aprovecha el texto, coge papel y bolígrafo y regálate un rato de transmigración. Es gratis y muy saludable.

Transmigración

“A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración. Mientras aquellos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro. Yo no me canso nunca de transmigrar. Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer, ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.
¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda… y nos hace cosquillas!
Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar del carro”?… Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo. Y una cosa es mirar al mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo. Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle, con una voz de sapo a las estrellas.
¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos… y de los camaleones!… ¡Pensar que durante toda su existencia la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!… ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas… los de las madreselvas? Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir eternamente con un mismo esqueleto y un mismo sexo. Cuando la vida es demasiado humana –¡únicamente humana!– el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra?
Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa actitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente de mi propia existencia”.

 

6 Comentarios

  1. Efectivamente acabo de transmigrar unas pocas veces y es divertido. Parece un juego del taller de escritura. ¡Qué ganas tengo!

  2. Hola, hacía mucho que no releía a Girondo, me encanta tiene un humor muy fino. A mí me pasa como tí, transmigro constantemente con el pensamiento.
    Un abrazo.

    1. Me alegro de haberte devuelto a Girondo durante un rato. En efecto, un ejercicio básico para la imaginación. Hay que mantener engrasada y en forma esta facultad porque, si no, se atrofia.
      Un abrazo.

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